La vivienda, emergencia nacional

Este mes voy a interrumpir el “seguimiento” que vengo realizando de la política internacional, concretamente de los desmanes que cometen mes a mes las Administraciones de Trump y Netanyahu. Obviamente no lo hago porque hayan puesto fin a sus crímenes contra la humanidad, que en eso siguen muy activos, sino porque creo que no debemos perder de vista al que sin duda es el problema más importante que aqueja a nuestra sociedad, el de la vivienda, que también clama al cielo de absurdo y lamentable. Que una sociedad supuestamente avanzada y próspera como la nuestra se encuentre en esa situación es sin duda una vergüenza a la que habría que poner fin de inmediato.

El último hito en esta cuestión lo ha constituido el llamado “decaimiento del decreto de alquileres”. En efecto, como informaba La Sexta el mismo 28 de abril, “El decreto de prórroga de los alquileres que aprobó el Ejecutivo hace un mes ha sido derogado […] en el Congreso de los Diputados tras la abstención del PNV y el ‘no’ de Junts, que se suma a los del PP y Vox. En la votación, mantener el decreto solo ha contado con el apoyo de 166 diputados mientras que 177 han votado en contra y los cinco miembros del PNV han decidido abstenerse”. Y qué quieren que les diga: ya llamaba la atención que desde hace ya bastante tiempo las “medidas estrella” del Gobierno sean de tipo “defensivo” o “paliativo” ante “las cosas del mercado” (ayudas, “escudos”, prórrogas…) en lugar de coger al toro por los cuernos y dictar unas reglas de juego que cambien realmente la situación, pero es que ya no sale ni eso. El capital manda y las personas se fastidian, lo que por otra parte no es extraño: se llama “capitalismo”.

Y es que el panorama de la vivienda en España, y particularmente en Madrid, es tremendo. Como informaba El Economista el 7 de mayo, “Los precios de la vivienda se han encarecido en la última década un 105,6% en la Comunidad de Madrid y un 105,3% en Madrid capital, muy por encima de la subida de costes media registrada en España, que fue del 68%”, un porcentaje también tremendo. El mismo medio además recordaba que “Los compradores extranjeros aumentan la presión: ya suponen el 34% de las operaciones en el Distrito Centro”.

Como digo, es una vergüenza, y hace mucho tiempo que debería haberse hecho algo más allá de las clásicas ayudas que absorbe directamente el mercado subiendo los precios. La promesa de construir más vivienda tampoco sirve: a día de hoy, si construyes más vivienda la va a comprar quien puede hacerlo, que es quien está comprando hoy mayoritariamente la que hay, y que no es quien la necesita. Y es que para hacer algo de verdad en este asunto hay dos ejes: controlar quién puede comprar vivienda y controlar los precios tanto de venta como de alquiler.

Dejémonos ya de zarandajas. Hay que romper con el mantra capitalista de que el mercado no hay que tocarlo porque se regula solo. Porque esa “regulación” en realidad es la acumulación por parte de los especuladores, y así nos va. La vivienda es un bien de primera necesidad, y una sociedad avanzada debe garantizar un techo para todos sus integrantes, que es requisito indispensable para una vida digna. Sin un techo no hay salud, no hay higiene, no hay descanso, no hay trabajo, no hay familia y no hay nada. Así que menos hablar y más impedir que los fondos de inversión y otros agentes especuladores hagan negocio con la vivienda. Si quieren especular que lo hagan con joyas, yates, coches de lujo y demás chucherías, pero las viviendas, todas para vivir en ellas. Y por supuesto, los precios bien controladitos, que hace diez años nos quejábamos que era difícil acceder a una vivienda y ahora ya es complicado incluso acceder a una habitación en Madrid, todo en una década y “sin enterarnos”.

Creo que no estoy pidiendo nada raro, solo algo que tiempo atrás se daba por hecho: que teniendo un trabajo (y todo el mundo debe tener uno, ésa es otra cosa que debemos exigir) no deberíamos tener problemas para acceder a una vivienda y a todo lo demás que necesitamos para vivir. Habrá quien diga que no podemos hacer nada, que el sistema funciona así, y a ésos yo les digo que entonces hay que buscar otro sistema. No puede ser que esto sea el festín de unas cuantas ratas y las personas corrientes estemos cada vez más precarias. Despertemos de una vez y cambiémoslo.


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