Una cuestión de igualdad

El pasado domingo 22 de marzo se celebró la media Maratón de Madrid 2026. Bajo un sol espléndido, la carrera discurrió desde el Paseo de Recoletos, atravesando nuestro distrito, y varias calles emblemáticas de la capital. Desde la ventana de mi domicilio, tuve la oportunidad de ver a las mujeres y hombres que participaban en este evento deportivo. Una situación habitual y asumida con normalidad en una sociedad como la nuestra. Sin embargo, por increíble que pueda parecer, aún existen prohibiciones o restricciones para las mujeres en algunos países a la hora de hacer o ver deporte en espacios tanto públicos como privados. Por ello, conviene recordar la significación de vivir en una democracia avanzada, donde existe igualdad entre mujeres y hombres. Aunque haya que defender día a día los avances logrados. Porque, sin duda, los derechos y las libertades de las mujeres sigue siendo un reto pendiente a escala global.

En consecuencia, resulta importante afianzar al feminismo como uno de los pilares de la democracia y una de las políticas que ha permitido a las mujeres alcanzar una ciudadanía plena. Un movimiento, nacido hace tres siglos, que cuestiono y lucho por eliminar las desigualdades por nacer mujer.

De esta forma, el feminismo ha contribuido a establecer una conciencia más evolucionada de la humanidad. Además de conquistar libertades y derechos vedados a las mujeres, como el acceso al conocimiento, a la educación y, por ende, a la universidad, a las profesiones liberales o abiertas, etc. De esta forma, el feminismo ha sido un gran aliado de la innovación en diversos ámbitos y ha conseguido cambiar registros éticos y morales en diferentes sociedades.

La asunción de la libertad de las mujeres y los derechos que le son inherentes, introdujo cambios extraordinarios y abrió puertas a nuevas oportunidades, planteando retos que aún debemos afrontar. Se han ganado batallas, sobre todo en algunas partes del mundo. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Por un lado, se observan signos de involución en países donde se había progresado mucho en esta materia. Por otro, hay lugares donde la situación de las mujeres ha retrocedido a situaciones comparables con el medievo o incluso peor, como el caso de Afganistán.

De hecho, como asevera Amelia Valcárcel, “nacer mujer en muchos lugares del planeta, es estar condenada al infierno”. Por tanto, en la actualidad asistimos aún a la existencia de “apartheid de género” en diversas regiones del planeta, mujeres que no quieren llevar hiyab, lo rostros quemados de ácido, la pedófila legar de los matrimonios permitidos con niñas menores de 13 o 9 años, prácticas de la ablación del clítoris, viudas destinadas a morir en vida, feminicidio, etc.,

En definitiva, como afirmó la célebre autora de El segundo sexo, Simone de Beauvoir, no olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos; debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida.”


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