Desenredando

El martes 3 de febrero, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció un paquete de medidas con las que pretende “hacer frente a los abusos de las grandes plataformas digitales y garantizar un entorno digital seguro”, informaba el diario El País al día siguiente. Dichas actuaciones “van desde la modificación del algoritmo como delito a un sistema para contar con una trazabilidad del odio que circula por la red”, pero sin duda la más destacada es la prohibición del acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, “obligando a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad”.

La iniciativa, claro, ha sentado como un tiro a los mangantes (perdón, quería decir “magnates”) tecnológicos. El primero en reaccionar ha sido Elon Musk, dueño de X, azote de lo público y cuñado global, que nada más conocer las intenciones de Sánchez le llamó, tuits mediante, “tirano y traidor al pueblo de España” y “fascista totalitario”, además de referirse a él como “dirty Sánchez” (“sucio Sánchez”), lo que al parecer hace referencia a determinada práctica sexual coprófila (y es que hay que ver las cosas que se aprenden en esto del periodismo, oiga). Lo que no ha quedado claro es si lo de “tirano” y “fascista” lo decía en plan bien, ya que su apoyo a la ultraderecha alemana o su entusiasmo al saludar brazo en alto nos han dado ya una idea bastante clara de sus perversiones políticas. Así pues, yo no descartaría que, en el vocabulario de este personaje, “tirano” y “fascista” sean encendidos elogios (y el “dirty Sánchez” una analogía con algo que le gusta mucho).

En fin, en cualquier caso yo diría que si Elon Musk está cabreado es que la cosa va bien… Pero el mejor indicador de que la medida anunciada por Sánchez es un acierto total nos la ha dado otro multimillonario dueño de red social, en este caso el ruso Pável Dúrov, propietario de Telegram. Y es que el tecnoforrado se ha pasado de Dúrov y ha aprovechado su red para mandar un mensaje masivo a todos los usuarios españoles acusando al presidente ídem de atentar contra la libertad. La avalancha de usuarios que han desinstalado de inmediato la aplicación dejando mensaje destemplado de despedida (el mío: “Anda y que te den, tontobola”) ha sido para verla, porque muchos la han retransmitido en otras redes sociales.

El mensaje alertaba de que “El Gobierno de Pedro Sánchez está impulsando nuevas regulaciones peligrosas que amenazan vuestras libertades en Internet. Anunciadas ayer mismo, estas medidas podrían convertir a España en un Estado de vigilancia bajo el pretexto de ‘protección’…”. A continuación desglosaba esta idea repasando las medidas y quejándose, entre otras cosas, de que “si no se elimina rápidamente contenido ‘ilegal, odioso o perjudicial’, sus responsables podrían ir a la cárcel”, lo que a su juicio “forzará la sobrecensura”. Terminaba instando a los usuarios: “Manteneos vigilantes, España. Exigid transparencia y luchad por vuestros derechos. Compartid esto ampliamente – antes de que sea tarde”.

En resumen: un rico ruso, dueño de una red social, usando dicha herramienta para enviar un mensaje político directo a cada usuario (mensaje que nadie le ha solicitado) destinado a adoctrinarlo e influir en él. Quiero creer que la mayoría de los adultos hemos desarrollado mecanismos para darnos cuenta de lo que se pretende con mensajes como éste y repelerlos de forma automática (aunque a veces peco de optimista, pues ya he encontrado a adultos que se lo han tragado enterito, vaya tela), pero desde luego no ocurre lo mismo con buena parte del chavalerío, muy influenciable por encontrarse aún en lo más básico de un aprendizaje que durará toda la vida, con la personalidad y las ideas todavía por concretar. Es por ello que este mensaje, a mi juicio, resulta un ejemplo inmejorable de por qué la medida propuesta por Sánchez es de todo punto necesaria.


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