Sancho Dávila no se lo merecía
ENRIQUE ASTIZ BLANCO. AFECTADOSM30, 30 de marzo de 2026
Crónicas de la losa (X)
Hace unos años, en estas mismas páginas, hubo un debate motivado por el posible cambio de nombre de la calle y el parque de Sancho Dávila en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Una vez aclarado el origen del nombre no fue necesario tal cambio, ya que se trataba de homenajear a Sancho Dávila Toledo Colonna (1590–1666), militar y diplomático, tercer marqués de Velada, primer marqués de San Román y gentilhombre en la corte de Felipe IV. Nada que ver con aquel feroz militar del s.XVI, mano de hierro del implacable duque de Alba y apodado “el rayo de la guerra”. Tampoco con el despiadado falangista del mismo nombre y responsable de las campañas de represión llevadas a cabo en Andalucía.
El caso es que, en 1968 y con el objetivo de conectar la histórica Quinta de la Fuente del Berro con la calle Alcalá, se inauguró este parque lineal, que aprovecha la pendiente que originalmente apuntó el arroyo Abroñigal y que se acentuó con las obras de construcción de la M-30.
A través de los años se le fue dotando de servicios y arbolado. Son casi 60 años los transcurridos, y los pinos, álamos, cipreses, almeces y cedros, junto con las estructuras arbustivas maduras, habían generado un muro vegetal que protegía al vecindario de los infernales ruidos y minimizaba la insufrible contaminación atmosférica que provocan el millón largo de coches que diariamente atraviesan la zona. También era un lugar de anidamiento y desarrollo de diferentes especies ornitológicas, entre las que destaca el pito real ibérico, pájaro carpintero endémico de la península, además de carboneros, gorriones, trepadores, petirrojos, herrerillos, mirlos, verdecillos, urracas, palomas y algunos otros que aprovechan la cercanía y frondosidad del parque histórico para anidar.
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Todos ellos necesitan y aprovechan el arbolado maduro, de copas sanas y bien desarrolladas y troncos en los que se dibuja el paso del tiempo y acogen colonias de insectos polinizadores que perpetúan el ciclo de las estaciones.
En la parte que no vemos, la que está bajo tierra, sabemos que los árboles se alimentan y comunican a través de sus raíces. Para ello establecen una relación simbiótica con ciertos hongos denominada micorriza. Los hongos favorecen la absorción de agua y minerales por parte de las raíces y éstas les proporcionan carbohidratos y vitaminas. La micorriza también facilita el establecimiento de comunidades vegetales donde los árboles comparten nutrientes, agua o incluso información. Dentro de estas comunidades, los pies maduros denominados “árboles madre” aportan nutrientes a otros ejemplares (incluso de diferentes especies) que, siendo más jóvenes o vulnerables, no pueden acceder a dichos recursos. Es por eso por lo que hay quien, con toda razón, dice que “caminar sobre las raíces de un árbol es aplastar su alma”.
Pues bien, nuestros responsables municipales, encarnados en cualquiera de los otros dos Dávilas desprestigiados, han emprendido una obra brutal en la ladera del parque. Nos han cambiado el sonido de los pájaros de ayer por el estruendo de las inmensas grúas y camiones de gran tonelaje, han sustituido los troncos vivos de los árboles en columnas muertas de hormigón y transformado las explanadas de verde césped en absurdas pasarelas de acero que impedirán el crecimiento de cualquier vegetación, ya que mantendrán el suelo en sombra perpetua.
En su enfrentamiento con la naturaleza, nos quieren vender un “parque” sobre hormigón con una tierra rácana y sin profundidad. Pero no nos engañamos, sabemos que los árboles para desarrollarse de forma adecuada necesitan un suelo generoso en extensión y en profundidad y que su capacidad de absorción de dióxido de carbono depende, en gran medida, de su edad; transcurren décadas hasta que alcanzan su nivel óptimo. Por desgracia, ese talud que con el tiempo se había convertido en una rica comunidad biológica, ha sido devastado y desconectado de la trama esencial de las micorrizas…
¿Alguien responderá por ello? Con pena observamos que la madridmorfosis parece consistir en una ciudad donde no hay lugar para los árboles… ¿y para las personas?
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