Una nueva lectura de las esculturas de Antón Casamor, en los jardines del Lázaro Galdiano

Puede visitarse hasta el próximo 23 de agosto, en una muestra al aire libre

Hasta el 23 de agosto, el Museo Lázaro Galdiano y la Fundació Casamor proponen una nueva lectura de la obra de Antón Casamor, figura central de la escultura catalana del siglo XX, para crear una experiencia en la que el arte se enfrenta directamente a la naturaleza y a la luz cambiante del día, generando un diálogo dinámico entre textura, sombras y entorno. “Antón Casamor: luz y escultura” aprovecha el paisaje del Jardín de Parque Florido para situar 12 piezas en un terreno poco habitual pero especialmente revelador, con una “luz en transformación” que intensifica la percepción de volumen y superficie, descubriendo novedosas interpretaciones que no serían posibles en interiores museísticos convencionales.

El jardín, con su ritmo orgánico y su variabilidad constante, obliga a reconsiderar las obras. No existe un único punto de vista privilegiado, ni una iluminación controlada: “Las formas se endurecen o ablandan según la hora del día, las sombras redefinen los volúmenes y el cuerpo escultórico se convierte casi en un organismo perceptivo más que en una forma cerrada”, narra su comisaria, Marta Carreté.

En este sentido, la propuesta no solo “expone” a Casamor, como expresa, sino que lo pone a prueba. Porque lo que en interiores puede leerse como equilibrio clásico, insertado en un marco natural e histórico, como el jardín del museo, “se revela también como búsqueda casi frágil de estabilidad. La escultura ya no impone presencia: negocia su presencia con el lugar, complementando la experiencia de la colección interior”, explica.

Cuando las esculturas salen del marco museístico

Reconocido por su compromiso con la forma y el equilibrio del cuerpo humano y por un trabajo que se inscribe en la tradición novecentista mediterránea, la producción de Casamor, eminentemente escultórica, pero también presente en el dibujo y la pintura, se caracteriza por la búsqueda de serenidad, proporción y una presencia material de una figura humana idealizada que evoca solidez y quietud. Pero “cuando estas esculturas salen del marco museístico y se instalan al aire libre, esta lectura se resquebraja ligeramente. Lo que emerge con mayor fuerza no es solo la armonía, sino la tensión entre la solidez del material y la inestabilidad de su entorno”, afirma Carreté. “En los Jardines del Museo dejan de ser solo ‘formas equilibradas’ para convertirse en preguntas abiertas sobre la relación entre cuerpo, materia y entorno”, añade.

Dentro del 75 aniversario del Museo Lázaro Galdiano, las esculturas de Casamor serán protagonistas en un jardín histórico que ahora hace historia y genera historias. “Antón Casamor: luz y escultura” es una muestra para abandonar la idea de escultura como pieza autónoma o un objeto fijado en el tiempo y ver cómo cada obra se convierte en una presencia cambiante con diferentes lecturas por la acción del viento, la luz, los árboles o el recorrido del cuerpo de quien las mira, como formas que se completan en la experiencia de ser vistas.

Y es que, en un momento en el que muchas exposiciones tienden a espectacularizar el espacio, esta propuesta opta por la vía de la discreción activa. No existen gestos grandilocuentes, sino una insistencia en la percepción lenta.


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