El Museo Lázaro Galdiano expone un conjunto de obras inéditas del artista Ricardo Calero realizadas ex profeso en el jardín Parque Florido

El Museo Lázaro Galdiano acoge una colección inédita de obras de Ricardo Calero que conforman un trabajo de grabado litográfico natural

La fragilidad de aquello que nos habita 

  • Desde el 17 de noviembre de 2022 hasta el 15 de enero de 2023, la sala Pardo Bazán del Museo albergará una serie inédita de dibujos, fotografías, papeles enterrados, hojas, piedras, documentos del artista que conforman un trabajo de “grabado litográfico natural” en el que se deja traslucir la impermanencia de las cosas y de la vida 
     
  • Natura_Tiempo y Memoria, en colaboración con el CDAN, se presenta como memoria y testimonio de un momento, de un lugar y de aquello que ha sucedido en esos instantes y en esos espacios, ahondando en las temáticas del artista y en el concepto de arte y naturaleza
     
  • Una muestra que presenta una línea de diálogo novedoso no solo con la tierra donde “germinan” las obras, sino entre el propio artista y el espectador que se refleja en el otro y en sí mismo, y la del autor con uno de sus referentes: Goya

 

INAUGURACIÓN PRENSA Y PÚBLICO: 
Jueves 17 de noviembre a las 13h. Se realizará un recorrido guiado por el artista a través de la exposición. 
 

Sus obras parecen reflejar estados del alma, paisajes emocionales que se escapan a la mirada desde el eco de la vida que fluye, trascendiendo la materia como trazos de un instante irrepetible y de la fragilidad de aquello que nos habita. “Son obras en las que intento rescatar la esencia del lugar, como grabados de la memoria de aquellas acciones, de los lugares elegidos por sus especiales características y la incidencia de los fenómenos meteorológicos... A veces me quedo sin nada, lo pierdo, como una vida que se me ha escabullido, como esos compañeros de viaje que hemos perdido o están en otro lugar, o esas hojas que se ha llevado el aire”, expresa Ricardo Calero. Un artista que podría calificarse como “poeta de arte, materia y concepto” que el Museo Lázaro Galdiano expondrá desde el 17 de noviembre (sala Pardo Bazán) en una muestra única formada por un conjunto de obras inéditas sobre el paso del tiempo y la influencia en lo corpóreo. “Papeles” que realizó en el jardín del Museo en el transcurso de las cuatro estaciones, entre los años 2019 y 2020, y que recogen el ADN de la naturaleza acuciada por la climatología y los fenómenos atmosféricos, en una analogía con la propia existencia del ser humano.  

Natura_Tiempo y Memoria aborda el nuevo trabajo de Calero en relación a su ‘Natural exterior. Diálogos con la Natura’, concepto con el que se refiere a obras e intervenciones sobre lugares concretos, usualmente al aire libre. Un momento único salvado del tiempo y de lo invisible que partió de un paseo por el Jardín Parque Florido del Museo y de la contemplación del almez (Celtis australis), uno de los árboles de hoja caduca, y de colores en continua transformación, más longevos y bellos que alberga. “En el Museo hay obras extraordinarias, pero en ese mes de otoño de 2018 era el jardín el que me hacía sentir algo muy especial, no solo por el valor artístico que tiene, sino también por la emoción que me inspiraba esa pequeña e histórica reserva natural”, confiesa. Emociones que se convirtieron en un diálogo con la naturaleza del lugar y en un proyecto artístico posterior “sobre la impermanencia de las cosas y de la vida”, admite como quien busca lo esencial en la observación sensible y mística en el sentido más extenso de la palabra y que, desde el sosiego, es capaz de proyectarlo en aquello que ofrece. 

De la materia al signo 

Calero recogía algún fragmento de hoja o de rama del almez, una especie que destaca entre los cedros, las sóforas, los plátanos y las palmeras de “ese oasis natural situado en pleno corazón de Madrid” -como afirma-, cuyos senderos sinuosos, parterres floridos e islas de césped se basaron en los tratados de jardinería del siglo XIX. Fragmentos de naturaleza desprendida que, por sus particulares características, quería destacar al haberse deslizado de una determinada manera y que evidenciaba ese proceso desde el nacimiento en el árbol hasta su final, en un diálogo lleno de metáforas sobre la vida entre el propio trabajo del artista y la naturaleza. A continuación, y en el mismo sitio, realizaba un dibujo de ese fragmento y lo entregaba a su origen, la tierra, donde permanecía bajo una piedra hasta la siguiente estación. Sobre él se grabarían, con el paso del tiempo, las huellas de la climatología, los fenómenos atmosféricos y el aire que respiramos, completando y dando forma a ese “grabado litográfico natural” que habla de la fragilidad de nuestro hábitat. 

En ese tiempo coincidió la aparición del covid-19 y la llegada de la borrasca Filomena, por lo que también dejaron su impronta en las obras realizadas en ese momento. “En los dibujos que aún permanecían, la nieve y el resto de elementos, como la propia piedra, los había alterado creando capas sobre el grafito que la naturaleza se comía al tiempo que dejaba su materia orgánica como una huella llena de simbología”, narra. Una huella que va definiendo, desde la materia al signo, quiénes somos a partir de todo lo que la vida marca en nuestro cuerpo o en nuestro interior casi a la manera borgiana, en un mundo donde todo está conectado y cada cosa o cada vida es una entidad flexible de naturaleza dinámica y cambiante. “La ecología no es simple conocimiento objetivo, sino que también propicia una visión del mundo con la que fácilmente podemos anudar nociones normativas: en efecto, las ecosofías nos animan a vivir dentro de los límites de la naturaleza y a convivir armoniosamente con todas las otras formas de vida que comparten este hogar que llamamos la Tierra”, expresa, definiendo su manera de estar en el mundo y en el arte. “Lo importante son los procesos, el vínculo que se crea con la Tierra, nuestra actitud y lo que ocurre en la piel o en el interior de cada uno de nosotros. Quizá por eso deseo que estas obras sean memoria y testimonio de un momento, de un lugar y de aquello que ha sucedido en esos instantes y en esos espacios”, añade el artista. Una muestra que “se vincula paralelamente a esa parte de la personalidad del Museo Lázaro Galdiano de acoger una colección que habita en el mismo lugar en el que se creó,descubriendo tesoros que perviven en el tiempo”, confirma su directora, Begoña Torres.

 

    

Hojas de almez del Jardín Parque Florido en las manos de Ricardo Calero

 

"El arte es compartir lo que tenemos"

La exposición, en colaboración con el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca (CDAN), recoge también fragmentos de naturaleza rescatada del Jardín Parque Florido y fotografías del proceso de creación en el museo madrileño. Además, puesto que el covid y la Filomena impidieron en un principio el desplazamiento del artista a Madrid, se incluye alguno de esos otros dibujos que se terminaron en el taller del autor en Fuendetodos, inspirados en las imágenes de un pequeño libro del Museo Lázaro Galdiano en el que aparecen imágenes de algunas de las obras más significativas que alberga. Esos dibujos también fueron ofrecidos a la tierra durante unos meses, extendidos por los senderos por los que Goya anduvo, a merced de la climatología y la meteorología de la comarca de Campo de Belchite para, posteriormente, trasladarlos al jardín del museo, donde se terminaría el proceso. Un proceso que no solo generaría un diálogo entre las tierras de secano de esa España vacía y el Jardín Parque Florido, sino también un diálogo novedoso abundando en los pasos de uno de los pintores más destacados de la historia del arte, y casualmente admirado por José Lázaro Galdiano. “Creo que el arte es una reflexión sobre la sociedad y aquello que nos toca vivir, es otra manera de hacer reflexiones e intentar hacer preguntas al otro sobre temáticas que nos condicionan, es compartir lo que tenemos”, explica. Y va más allá: “Exponer es exponerse, y solo tiene sentido si hay una intercomunicación con el Otro, sea la que sea, y donde cada cual extrae aquello que necesita”, añade.

La muestra se completa con unas pequeñas obras sobre el concepto de arte y naturaleza que muestran al público algunos trabajos de la trayectoria del artista desde 1989 en Canadá, además de los realizados en el CDAN hace unos meses.

Fotografías, papeles enterrados, piedras, documentos… Podrían parecer simples interacciones del paisaje, cuando en realidad, como expresa en el texto de la exposición la comisaria y crítica de arte Blanca de la Torre, “no son más que estrategias con las que Calero obliga al espectador a forzar la mirada una y otra vez hasta que, súbitamente, ya no hay nada que evocar: ‘aquello’ siempre había estado ahí, y, como suele suceder, muy cerca”. 

Obras que recogen el ADN de la naturaleza acuciada por la climatología y los fenómenos atmosféricos, en una analogía con la propia existencia del ser humano

 


Sobre Ricardo Calero 

Escultor de formación, Ricardo Calero (Villanueva del Arzobispo, Jaén, 1955) es un artista que ha construido una iconografía singular y reconocible que se desliza entre lo reflexivo y la observación directa, la utopía de la palabra y el gesto, abordando las cuestiones fundamentales desde el intimismo y desde un pensamiento en natural conexión con todo lo que le rodea, donde todo contiene “aliento de lo espiritual”, que dice el escritor Antón Castro. Radicado en Aragón desde 1956, y en concreto desde 2007 en Fuendetodos, sus obras y acciones están cargadas de simbolismo y reflexión sobre el arte y la sociedad actual. Buena parte de la práctica y la poética de Calero se resume en sus intervenciones en lugares especialmente elegidos que pasan a formar parte de sus proyectos y le llevan a un compromiso de búsqueda donde el proceso de investigación es constante. Sus obras, acciones e intervenciones se desarrollan en torno a dos conceptos claves que unifican su trabajo: natural interior y natural exterior, en los que interactúa con la fotografía e incorpora elementos naturales, plantas, agua, vapor, esencias olorosas o sonidos. Una manera de ampliar las posibilidades de percepción sensitiva de sus obras, que se centran en reflexiones sobre Memoria y Tiempo, Paisajes Sociales y Diálogos con la Naturaleza. 

Desde 1976 y a lo largo de su trayectoria ha realizado exposiciones individuales, acciones e instalaciones en museos, galerías de arte y
 espacios públicos de Europa y América principalmente, presentando proyectos como Oscura raíz del sentir (1987), en la galería Calart, Ginebra, Suiza; Espacios del sentir (1989), en la Galería AUBES3935 de Montreal, Canadá; Memorias del Olvido (1991), en la Galería Naviglio, de Milán, Italia; Auras del Silencio (1992), en la Galería Scheffel, de Bad Homburg, Alemania; Presencias de Nada, en la galería TH de Lyón; y Vacíos de silencio, en el Museo Palacio Provincial de Jaén en 1993; NADA (1994), en las Salas de la Diputación de Huesca; Claridad-Destino (1998), en el Museo de Teruel; Luz en la sombra (2000) en la Galería Joan Prats de Barcelona; Diálogos (2003), en la Galería Raquel Ponce de Madrid; Grabados de luz (2006), en el Museo del Grabado y la Sala Zuloaga de Fuendetodos; Grabar el sentir (2007), en la Galería Scheffel, de Bad Homburg, Alemania; Disparates, en la Academia de España en Roma y en la Université de Montréal en 2008-2009; Grabado…Tiempo (2010), en las Salas del Paraninfo de la Universidad, Zaragoza; Sueños en el mar (2001-2012), en las Salas de la Diputación de Huesca y Somnis al limit, en la Sala Internacional de Aduanas de Portbou; Construcción de futuros (2018), en la Galería Ponce+Robles de Madrid; o Espacios del sentir (2021), en La Lonja de Zaragoza. 

Ha realizado proyectos específicos para las bienales internacionales IV Bienal Europea de Escultura de Normandía, Francia, las Bienales Blickachsen-4, Blickachsen-9 y Blickachsen-11 en Alemania, la Trienal de Alentejo, en Portugal, la XI Bienal de Cuenca, en Ecuador, o el V Forum Internacional Defensa della Natura, en Bolognano, Italia, entre otras. Destacan también sus proyectos para el Museo Nacional Villa Pisani de Venecia (Italia), el Museo de Évora (Portugal), el Museo Galería de Bohemia del Oeste, en Pilsen (República Checa), el Museo Katzen Arts Center, de Washington (EE.UU.), y ahora en el CDAN, Centro de Arte y Naturaleza de Huesca y el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. 

INFORMACIÓN PRÁCTICA EXPOSICIÓN RICARDO CALERO:

  • Del 17 de noviembre de 2022 hasta el 15 de enero de 2023.
  • De martes a domingo, de 9:30 a 15:00. Lunes cerrado.
  • Sala Pardo Bazán del Museo Lázaro Galdiano (Calle Serrano 122. Madrid). 
  • Entrada gratuita.

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