Se me ha caído el móvil al agua... ¿qué hago?
CARLOS GÓMEZ CACHO, 25 de febrero de 2026
A todos nos ha pasado o nos pasará alguna vez: estás tranquilamente usando el móvil, resbalón inesperado… y chapuzón. El corazón se te para durante un segundo y la pregunta aparece sola: “¿Y ahora qué hago?”. Tranquilo, no todo está perdido. Lo importante es cómo reacciones en los primeros minutos.
Lo primero es obvio, pero crucial: saca el móvil del agua lo antes posible. Da igual si ha sido el váter, el fregadero o la piscina. Cada segundo cuenta. En cuanto lo tengas en la mano, apágalo inmediatamente. Aunque parezca que funciona, aunque vibre, aunque te tiente “ver si va”, no lo hagas. El agua y la electricidad son una mala combinación y puedes provocar un cortocircuito irreversible.
Después, quítale todo lo que puedas: funda, tarjeta SIM y tarjeta de memoria si la tiene. La idea es dejar al móvil lo más “desnudo” posible para que la humedad no quede atrapada en ningún rincón. Sécalo por fuera con un paño o papel absorbente, con cuidado, sin frotar como si estuvieras limpiando una mancha rebelde. Aquí menos es más.
A partir de ahí entra en juego la paciencia, que suele ser lo que más cuesta. Coloca el móvil en posición vertical, con el puerto de carga hacia abajo, para que el agua salga por gravedad. Déjalo en un lugar seco y ventilado. Un ventilador puede ayudar, pero nada de aire caliente: ni secador, ni radiador, ni horno (sí, hay gente que lo intenta). El calor puede dañar los componentes internos y empeorar la situación.
Uno de los grandes mitos es el arroz. Durante años se ha recomendado meter el móvil en un cuenco como si fuera un ingrediente más de la despensa. La realidad es que el arroz absorbe muy poca humedad y, para colmo, puede dejar restos de polvo o almidón dentro de los puertos. Si tienes gel de sílice esas bolsitas que vienen en cajas de zapatos o aparatos electrónicos, eso sí es una mejor opción. Colocar el móvil en un recipiente hermético rodeado de gel de sílice durante 24 o 48 horas puede ayudar bastante.
Lo que no debes hacer bajo ningún concepto es cargar el móvil “para ver si enciende”, soplar con fuerza por los conectores o sacudirlo como si fuera un termómetro antiguo. Todo eso puede hacer que el agua se meta aún más dentro.
Tras uno o dos días de secado (sí, es una espera eterna), prueba a encenderlo. Si no responde, se calienta o hace cosas raras, lo más sensato es llevarlo a un servicio técnico. Y si cayó en agua salada o con cloro, todavía más: ese tipo de agua es especialmente corrosiva.
En resumen: rapidez, calma y paciencia. A veces el móvil sobrevive y otras no, pero siguiendo estos pasos le das las máximas posibilidades de salir vivo del chapuzón. Y, quién sabe, quizá la próxima vez lo mires con más cariño antes de acercarte al agua.

