CINE. ‘La chica zurda’

La historia es común: una madre divorciada, Sho-Fen (Janel Tsai), regresa a vivir a la ciudad de Taipei con sus dos hijas, la adolescente y rebelde I-Ann (Shih-Yuan Ma) y una pequeña de cinco años, la adorable I-Jing (Nina Ye). Sho-Fen alquila un local en el mercado de barrio para vender comida por las noches, mientras I-Ann tendrá que hacerse cargo de la pequeña Y-Jing, como llevarla al jardín infantil o lavar su ropa, eso sí, de muy mala gana y con maltratos. Además I-Ann prefiere trabajar en una tienda de venta de nueces betel antes que en el nuevo negocio familiar.

La abuela, con un fuerte arraigo sexista, comete ilegalidades que de ser atrapada conllevan pena de cárcel, y el abuelo es un jubilado conservador y supersticioso. Ambos reflejan el trauma de una generación que vivió en el autoritarismo y altamente machista. Su mentalidad es tan obsoleta que incluso desprecian que su nieta de 5 años coma con la mano izquierda.

La película está llena de pequeñas anécdotas casi sin diálogos de la vida cotidiana de las tres mujeres, que no son ni buenas ni malas, simplemente el día a día. Una tarde, el abuelo, a solas con la pequeña I-Jing, va un poco más allá y la amenaza, asustándola con que la mano izquierda “le pertenece al diablo”. Esto lleva a que la pequeña cometa pequeños hurtos en el mercado o se sienta culpable de la muerte de su mascota solo por usar su mano dominante.

La mezcla de pequeñas secuencias sobre la vida cotidiana de los personajes ayuda a que la trama tome sentido: un padre ausente, un entusiasta vendedor de cosas que nos sirven, un ayudante de cocina que no lava platos, entre otras. El conjunto visual que evoca emociones en el espectador ayuda a la dirección de la historia y el desenlace final inesperado.

La directora y guionista Shih-Ching Tsou intenta narrar las emociones familiares con la vista: los créditos de entrada se presentan como un caleidoscopio, las luces verdes y rojas de una ciudad vibrante como Taipei, las gesticulaciones y malos modales de los personajes desagradables, las caras amables de otros, la dulzura de la infancia, el cansancio de la madre trabajadora, la comida caliente y humeante; y detrás de todo los murmullos de la gran ciudad. En conjunto despiertan los sentidos y te atrapan desde el primer momento.

Los componentes para crear la obra, como la fotografía realizada por Chen Ko-chin y Kao Tzu-hao, son intensos por la manera de acercarse a los personajes. Por ejemplo al situar la visión de la cámara a la altura de la pequeña al cometer sus robos, que nos hace suspirar y entrar en la emoción del personaje por ser descubierta. Además, la peculiar edición del también coguionista y productor de la obra, el asimismo director de Anora Sean Baker. Me llama la atención la mancuerna entre ambos en diversos proyectos, especialmente uno precioso: The Florida Project.

Me ha sorprendido la directora Shih-Ching Tsou, con su valentía y su astucia creativa para transformar una anécdota cien veces contada en una nueva. He llegado a pensar que esta historia de la familia desestructurada, a veces desamparada, marcada por el sesgo sexista maternal hacia sus propias hijas y en favor de un hijo casi bueno para nada es como la vida misma de la propia Taiwán. La directora sin duda trabaja para transformar esa realidad y contribuye a la Nueva Ola del cine de Taiwán. La cinta ha sido seleccionada y nominada en los festivales más importantes del mundo y en Cannes ganó el Gan Foundation Award for Distribution.

‘Lo que encontraron’

También para este mes me gustaría que se acercaran a ver el documental Lo que encontraron, del director Sam Mendes, que está disponible en Filmin. En él, el trabajo de selección de material dentro del archivo del Museo Imperial de la Guerra en Londres sobre Bergen-Belsen en Alemania al terminar la Segunda Guerra Mundial, con cientos de cintas del lugar y audios de entrevistas posteriores de los años 80, nos proporciona imágenes espeluznantes, nunca antes vistas, que muestran el horror del Holocausto.

ANA ÁLVAREZ 


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