Que son personas, leñe
ROBERTO BLANCO TOMÁS, 8 de septiembre de 2026
Es cierto que la mayor parte de las personas que cruzaron la frontera han vuelto a Marruecos, pero por el momento se han quedado en “la perla del estrecho”, como la denominan sus vecinos, entre cinco mil y doce mil, lo que ha provocado el colapso de los servicios de acogida y la consiguiente emergencia humanitaria, con miles de personas subsistiendo más de un mes en condiciones infrahumanas, y lo peor es que entre el pimpampum político y el ruido mediático aún queda bastante para alcanzar una solución.
Y es que en los tiempos que corren, claro, éste ha sido el problema “ideal” para el guarreo político-mediático que nos lleva corroyendo desde hace ya demasiado tiempo. Porque el tema lo tiene todo para el bulo y la maledicencia: inmigración, pobreza, razas, vecino marroquí, “integridad de España”… El hit parade de “Los 40 Nacionales” al completo. Da igual que el sentido común diga que si te entran de golpe decenas de miles de personas desarmadas no te vas a liar a tiros, o que los que entran son personas y tienen derechos, o que aunque a nadie se le escape que para que entren ochenta mil personas de golpe el otro país tiene que (como poco) “dejar hacer” no puedes acusarle directamente sin tener pruebas en la mano si no quieres tener un conflicto internacional de resultado incierto… Da igual, como digo: ya tenemos a los salvapatrias llamando a la rebelión, algunos incluso a caballo.
Pero es que además me importa bien poco quién lo ha instigado, si ha habido bulos, si es una maniobra de Marruecos, de Israel, de EE UU, de Mónaco o del imperio Klingon… Esa gente que ha entrado es en su mayoría pobre gente que huye del hambre, de la opresión, o que busca sacar adelante a su familia o persigue un sueño antes de que se le rompa en pedazos. Es algo ya sabido, pero lo recuerdo: nadie se va de casa con lo puesto a la aventura y pasa lo que esa gente (muchos de ellos menores, maldita sea) ha pasado y está pasando si no hay algo muy grande y muy terrible detrás que le obliga a hacerlo. Habría que ver si muchos de nosotros seríamos capaces de pasar por lo mismo. Y ya solo por eso merecen nuestro respeto, nuestra comprensión y nuestra solidaridad, además de una solución cuanto antes. Eso es lo más importante en esta cuestión, y no la geopolítica ni el politiqueo.
Y sin duda hay muchos y muchas compatriotas que están ahora mismo echando una mano, demostrando su solidaridad y dando prueba fehaciente de que aún no está todo perdido en esta sociedad nuestra. Pero también ha habido mucha otra gente que nos ha hecho comprobar de nuevo que en los tiempos que corren ser mala gente está de moda. Porque, más allá de ideologías, irrumpir en el lugar en el que esa pobre gente acampa como puede, arrasar su “campamento” y quemar lo poco que tienen es de ser una basura de persona. Impedir que entre la Cruz Roja a dar algún alimento y bebida a esa pobre gente es de ser una basura de persona. Contestar en redes sociales cuando alguien se preocupa por la suerte de esa pobre gente “Pues llévatelos a tu casa” es de ser una basura de persona. Y titular tras la muerte de un menor diabético “La muerte de un invasor con diabetes y la huida de otro con varicela, últimos síntomas de la crisis sanitaria en Ceuta” (El Español, 4 de septiembre), lo haya escrito la autora del artículo, el redactor jefe o el director del medio, es de ser una basura de persona. Quizás haya sido uno de los pocos efectos “positivos” de la crisis: que nos haya permitido identificar tan claramente a la mala gente.
Así que ya sabéis, queridos lectores: sed de izquierdas, de derechas o de centro; del Madrid, del Atleti o del Barça; de Star Trek o de Star Wars; de los Beatles, de Rosalía o de El Fary… pero no seáis malas personas, leñe.
