Derecho a techo

Este mes, el tema del ídem estaba más claro que nunca. Además de que, como he escrito aquí a menudo, el de la vivienda es el problema más importante que afronta nuestro país, los acontecimientos que se han sucedido después de que Maricarmen Abascal, vecina de Madrid de 87 años, fuera expulsada de su casa por las fuerzas del mal el pasado 23 de septiembre han hecho que el resto de noticias nos parezcan casi irrelevantes. Pero precisamente porque ya va para un par de semanas de máxima presencia mediática de esta cuestión, les supongo bien informados sobre el particular y no voy a hacer un relato cronológico detallado de los hechos. Prefiero aprovechar el espacio y pasar revista a una serie de cuestiones que no todo el mundo parece tener claras, que se me antojan importantes y sobre las que creo oportuno fijar conceptos. Vamos allá.

En primer lugar, hay una parte de la opinión pública muy pesada con la cantinela de que por qué tanta historia con el desahucio de Maricarmen si en España se producen unos 45 lanzamientos al día. Esto es verdad, pero quien lo dice ignora que muchas veces una gota colma el vaso y es cuando se producen reacciones, así que más que criticar que esto sea así cabe agradecer que por fin haya ocurrido y la sociedad haya tomado conciencia masiva del problema con un ejemplo sangrante, que ya era hora.

Para lo que creo que también ha sido útil esto, al igual que el mes pasado con lo de Ceuta, es para que cada vez podamos identificar mejor a la mala gente y alejarnos de ella. Y es que el odio que han desplegado algunos y algunas hacia una pobre señora de 87 años a la que han arrancado de su casa ha sido y sigue siendo tremendo, con colofones como el de una personaja que lleva décadas intentando convencernos de que es escritora y ahora ejerce sobre todo de opinante, que ha llegado a decir que Maricarmen ha tenido 70 años para ahorrar. En fin, sin comentarios: se define ella solita.

Vamos con las “soluciones”: la derecha está empeñadísima en que no hay que intervenir el mercado de la vivienda y que la forma de arreglar esto es construir más. Parecen olvidar que el problema no es que no haya vivienda (que hay un montón), sino que muchos propietarios prefieren darle otros usos diferentes al de vivienda familiar y que en las destinadas a este uso, al no estar controlados los precios, simplemente el ciudadano medio no puede pagar lo que le piden. Así que la consecuencia lógica si se construye más vivienda será que la comprará o la alquilará la misma (poca) gente que puede hacerlo ahora, pero no la gente que hoy no puede acceder a ella, que es la que tiene el problema. Aparte, nadie nos garantiza que esa hipotética vivienda social que se construiría no volvería a venderse de forma masiva a los fondos buitres, como ya hicieron en su momento. Vamos, que algunos parece que estén pensando más en un negocio para los amiguetes que en solucionar un problema grave.

En cuanto a las supuestas “izquierdas”, han machacado con que la culpa es de los otros porque no aceptaron que se prorrogase el escudo social que evitaba los desahucios a personas vulnerables. Qué quieren que les diga: qué tiempos aquellos en que las “izquierdas” querían cambiar el mundo y no se quedaban en meros paliativos para hacer menos duro un sistema injusto. Menos ayudas y más derechos: no queremos que nos tengan que auxiliar, queremos una vida digna con trabajos dignos y vivienda digna.

Y eso nos lleva a los dos decretos… La jugada ha salido perfecta, pues como era previsible han caído y se puede culpar a la oposición, pero es que la propuesta tenía guasa: como no nos atrevemos a enfrentarnos a quien manda aquí de verdad, hacemos unas prórrogas y ya si eso que se lo coma quien venga después. Prohibición a la compra de vivienda por parte de los fondos hasta diciembre de 2028 (fácilmente escamoteable, porque si se comprometen a destinar el inmueble a vivienda social los primeros cinco años pueden comprarlo sin problemas), prórrogas de los contratos de alquiler hasta diciembre de 2028 y paralización de los desahucios de personas vulnerables sin alternativa habitacional hasta diciembre de 2030 (pero solo los de fondos buitre, no los de vivienda pública u otros tenedores, ésos a la puñetera calle). Todo para luego, y ni eso.

En fin, ya está bien de parches y de prórrogas: la gente se ha cansado, ha vuelto a las calles y esto tiene que cambiar definitivamente. Hasta que todo el mundo no tenga una casa, nadie debería tener más de una, ya sean buitres, ratas u ornitorrincos. Y si alguien quiere hacer negocios, que los haga con joyas y maseratis.


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