Como una ola (de calor)

Bueno, amiguis, pues aquí tenemos otra buena prueba de que pese a que haya quien no crea en el cambio climático, el cambio climático sí que cree en todos y cada uno de nosotros, y nos lo vuelve a demostrar con temperaturas asfixiantes. Y es que nada como una ola de calor tras otra para recordarnos que sigue ahí y que ha venido para quedarse. Eso sí, querido magufo o querida magufa, si quieres ejercitar tu libertad negando lo evidente, estás en tu pleno derecho: hazte tu caperuza de papel de plata, sal a la calle y disfruta del verano protestando contra el adoctrinamiento ecologista y la dictadura climática. Y que te aproveche, cosita.

Que sí, que en verano siempre ha hecho calor. El problema es cuando los veranos ya duran desde mayo hasta primeros de noviembre y tenemos once olas de calor sofocante en lugar de dos o tres. Y especialmente virulentas: según datos provisionales de la AEMET, la temperatura media de este mes de junio ha sido de 23,2º, “3,2º por encima de la media del periodo comprendido entre 1991 y 2020”, informaba El País el pasado 1 de julio. Lo que sitúa el mes pasado como “el segundo junio más cálido de la serie histórica de la agencia estatal, que arranca en 1961”. Pero ahí no queda la cosa: resulta que el junio más cálido de dicha serie fue el año pasado, con 23,6º de media y una anomalía de 3,6º. Así que de momento, y a la espera de lo que pase el año que viene, los dos junios más calurosos de los últimos treinta años han sido los dos últimos. Podemos añadir además que los últimos once años han sido “los años con la temperatura media más alta en el conjunto del planeta”. En fin, creo que las señales están bien claras para quien quiera aceptar la realidad.

Y además hay un dato tremendo, tanto que lo encontrábamos ya en el mismo titular de la información citada: “Las altas temperaturas de junio se saldan con 900 muertes en España”. Y es que “A falta de sumar todos los fallecimientos de los últimos días de junio, el sistema había estimado ayer [el último día de dicho mes] 892 muertes, lo que lo convierte en el segundo mes con más fallecimientos por calor desde que hay registros, que comenzaron en 2015”. El reportaje señala además que 623 de esas muertes se concentraron en la semana de la ola de calor. Espeluznante.

En este sentido, los expertos inciden en “el riesgo para la salud que supone la interacción entre contaminación atmosférica y calor”, algo que por motivos obvios debemos tener muy en cuenta en nuestra ciudad. Según datos del Instituto de Salud Carlos III, “alrededor del 18% del aumento de la mortandad durante las olas de calor en España está motivado por la contaminación”. Y es que la mayoría de las muertes no se producen por el golpe de calor, sino por acumulación de efectos en personas vulnerables a los mismos. En este sentido, “El calor produce carga termorreguladora, deshidratación y estrés cardiocirculatorio, entre otros problemas fisiológicos”. Por su parte, “La contaminación induce estrés oxidativo, inflamación sistémica, disfunción endotelial, alteración autonómica y trombogenicidad”. Y juntas forman un “efecto sinergético”, según Hicham Achebak, investigador de Instituto de Medicina Preventiva y Social de Berna.

En fin, es verdad que nosotros, pequeños seres, poco o nada podemos hacer a título individual para combatir los efectos del cambio climático, pero me parece muy importante que insistamos en exigir a las instituciones y a las empresas que den a este problema toda la importancia que tiene y hagan su parte, a ver si entre todos logramos atenuar al máximo lo ya inevitable. Mientras tanto, ya saben: salgan lo menos posible durante las horas de mayor temperatura, no olviden la protección solar e hidrátense de forma regular. En cualquier caso, que pasen un buen verano, vecinas y vecinos.


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