Cómo ahorrar muchísimo en el recibo de la luz

El precio de la electricidad se ha disparado como nunca y el recibo de la luz se ha puesto por las nubes. Para paliar en lo posible tal gasto, han menudeado las recomendaciones: que si usar los electrodomésticos en horas extrañas, que si poner las lavadoras a media noche, que si dejar la plancha para el fin de semana… y cosas así. Pues con todo y con eso el ahorro no es para volverse loco. A mí se me ocurren actitudes mucho más contundentes. Las expongo a continuación:

1. Suprimir el aire acondicionado. Sustitúyase por un buen abanico: no solo se sentirá igualmente aliviado de los calores, sino que se realizará ejercicio con la mano y la muñeca, equivalente a los beneficios de la rehabilitación.

2. Prescindir de las lámparas led. Para alumbrarse, ni las lámparas led de bajo consumo recomiendo. Recúrrase al candil. El gasto en aceite es mínimo. En caso de necesitar una iluminación más viva, utilícese un carburero. Se trata de una lámpara en la que se introducen trozos de carburo de calcio en agua. Se desprende acetileno que, aplicándole una llama, da una luz de gran intensidad.

3. Desconectar el frigorífico. Colóquense los alimentos a conservar en la fresquera, como hacían sus tatarabuelos. No solo se mantendrán bien, sino que le alegrarán la vista, placer actualmente perdido.

4. Utilizar el botijo. Privados del agua helada del frigorífico, un buen botijo  proporcionará el agua fresca para aliviar los calores estivales. Puede animarla con unas gotas de anís. Y beber “al gallo” resulta la mar de divertido.

5. Renunciar a la vitrocerámica. Cocínese con combustibles orgánicos, que pueden ir del carbón a muebles viejos reducidos a astillas, o a diccionarios, enciclopedias y otros libros, que ya no son necesarios, pues los tenemos archivados en la tablilla.

6. Eliminar lavavajillas, que gasta mucho. Realícese la fregada a mano, que es muy entretenida, permite un mejor acabado de la limpieza y es un ejercicio tan saludable como salir a correr.

7. Descartar la lavadora y la secadora. Límpiese la ropa en el lavadero municipal y tiéndasela en el balcón de casa. Dadas las circunstancias imperantes, es cosa de días que los ayuntamientos resuciten aquellos locales próximos a riachuelos o estanques donde se reunían las mujeres a lavar las prendas y a mantener socializantes relaciones y charlas distendidas, que ahora, con los mensajes en los teléfonos móviles, resulta una sana costumbre que se está perdiendo. Tampoco tardarán en retocarse las ordenanzas vecinales para permitir colgar las prendas a secar en los balcones. Tal práctica proporcionará una alegre nota de color al panorama urbano, que tan necesitado está de la misma.

Si se siguen mis consejos, estoy seguro de que los hogares conseguirán disminuir de modo drástico el importe del recibo de la luz. Aunque su consumo se reduzca a cero le cobrarán los 32 euros del mínimo, que buenas son las eléctricas con sus contratos; pero de eso a lo que sube en la actualidad, media un abismo.


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