Humor



Octubre 2018.

Compañero sentimental

La bella Carmencita, a quien de niña yo había tenido sobre mis rodillas y obsequiado con caramelos y golosinas, se me acercó acompañada por un joven barbudo y me dijo:

— Don Dimas: le presento a Manolo, mi compañero sentimental.

— ¡Qué compañero sentimental, ni que gaitas! —rugí, puesto que soy un moralista de lo más puro— ¡O es tu marido, si estáis unidos por la Iglesia o cuanto menos por lo civil, o es tu novio, si es que aspira a tu blanca mano!

— No, no… —dijo Carmencita, sonrojándose— En realidad no es otra cosa que mi compañero sentimental.

— ¡Entonces habré de colegir que vivís amancebados y, por tanto, en correcto castellano hay que decir que es tu amante!

— Pues, no, don Dimas —insistió la atractiva joven—. No le cabe otra denominación que la de compañero sentimental, como usted mismo podrá comprobar.

En aquel instante se nos acercó una inmigrante polaca con un niño semidesnudo en brazos. Verlos el compañero de Carmencita y romper en sollozos ante el espectáculo de su penuria y la insolidaridad ciudadana fue todo uno.

Dos pasos más adelante, en un puesto callejero de libros de segunda mano, el muchacho barbudo se puso a mirar unas noveluchas. Cogió una de Corín Tellado, leyó dos a tres páginas y empezó a emitir unos suspiros y unos ayes que partían el alma.

— ¿Se da cuenta de lo que le digo? —inquirió Carmencita.

Pero antes de que pudiera contestar, ya estaba su compañero sentimental recogiendo del quicio de un portal un gatito abandonado y acunándolo contra su pecho, la mirada tierna y mascullando no sé qué contra la gente sin escrúpulos ni sentimientos.

— Deja el gato, Manolo —dijo su compañera—, que afecta mucho tus sentimientos. Toma este libro y lee para distraerte.

Lo malo fue que el libro que le dio era un tomo de poesías románticas, y apenas le echó el ojo, el tal Manolo rompió en un llanto incontenible.

Me despedí de ellos y me alejé a paso vivo. Y les digo una cosa: aunque soy un moralista a la antigua usanza, prefiero a las jóvenes que viven liadas con un tío, que a las que tienen un compañero sentimental. O por lo menos, tan sentimental y tan pelmazo como el llamado Manolo.

CALÍN


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