‘Enseñar un idioma es también construir un diálogo a través de la cultura, los hábitos y las idiosincrasias’
ÁFRICA MARTÍNEZ, 24 de junio de 2026
Arianna Catizone, graduada en Historia del Arte y profesora de italiano, abrió en 2014 junto a dos socias el Centro Lingua Italiana
En junio, les presentamos a Arianna Catizone, italiana, de 44 años, casada con un madrileño, que vive en Madrid desde 2010. Después de vivir en Roma y en Londres por estudios, se graduó en Historia del Arte y descubrió su pasión por la enseñanza. Se formó como profesora de italiano trabajando en la DILIT International House de Roma y luego se mudó a Madrid, donde trabajó en el Instituto Italiano de Cultura. En 2014 abrió, junto a dos socias italianas, una academia de su lengua materna, el Centro Lingua Italiana, sito en la calle Diego de León, donde trabaja actualmente dando cursos de italiano y de arte.

En sus propias palabras, ¿quién es Arianna Catizone?
Soy una italiana amante del arte y de la cultura que tiene la suerte de dedicarse a un trabajo que ama y que le regala muchas satisfacciones.
De su trayectoria, ¿de qué momentos guarda los mejores recuerdos?
Los mejores recuerdos están ligados a los alumnos de mis cursos, tanto de italiano como de arte. Es maravilloso poder guiarlos a través del idioma y de la cultura de Italia.
¿Y cuál ha sido el mayor reto?
Sin duda, los inicios. Cuando cerró la academia donde trabajábamos con mis socias, Viola y Daniela, decidimos que no podíamos perder todo el trabajo que habíamos hecho con nuestros alumnos. Así empezamos desde cero con nuestra academia, donde no solo éramos las profesoras, sino que también teníamos que aprender a organizar, gestionar y administrar.

¿Qué es lo que más le satisface de su tarea?
La posibilidad de conocer a muchas personas diferentes, de poder crear un vínculo que va más allá de la gramática o del léxico, porque enseñar un idioma es también construir un diálogo que pasa a través de la cultura, de los hábitos y de las idiosincrasias de un país. Italia y España son países muy parecidos, pero es curioso descubrir cada día las diferencias y los pequeños matices. ¡Es muy divertido ver la sorpresa de mis alumnos cuando les explico que no tomamos el cappuccino después de comer o cenar!
En sectores como turismo, moda o automoción el conocimiento del italiano es una gran ayuda para impulsar carreras profesionales, pero… ¿qué respuesta están teniendo a la hora de encontrar nuevos alumnos en este mundo colonizado culturalmente por el inglés?
Se habla mucho del soft power (otro anglicismo...) del italiano, del hecho de que tiene este poder de la belleza, del patrimonio artístico, de la buena comida y del estilo de vida. Nuestros alumnos vienen buscando no solo un tercer o cuarto idioma, sino una ventana hacia un país que pone su fuerza en su historia milenaria, en su amor por la belleza y el arte en todas sus expresiones. Muchas veces tenemos malos recuerdos ligados al estudio del inglés, sea porque nos obligaron o porque no se puede trabajar sin ello. Pero sabemos que no puedes aprender mucho si no te diviertes, si no haces algo que te gusta. El italiano se presenta como una alternativa al “deber” o al trabajo: un idioma que te permite acercarte a la moda, al arte, a la cocina, a la ópera, a la dolce vita.
¿En qué proyectos participa actualmente?
Cada mes propongo una clase de historia del arte pensada para quien habla ya un poco de italiano pero no quiere una típica clase de idioma y desea mantener el contacto con nuestra cultura. Ahora estoy preparando el programa para las clases de otoño, buscando temas interesantes para los amantes del arte. ¡Mi momento favorito!
Aspiraciones a futuro u otros propósitos…
Mi mayor aspiración para el futuro es poder seguir dando clases de italiano y arte, manteniendo el diálogo entre la cultura española y la italiana.
Para terminar, ¿cómo es su relación cotidiana con el Distrito Salamanca?
Mi relación con el barrio es muy importante, porque es aquí donde vivo y donde trabajo. Además, mi marido es vecino del barrio de toda la vida, nació aquí y me ha guiado en estos años para descubrir sus tiendas, sus restaurantes y sus historias. Viviendo al lado de Ventas, ¡siempre les digo a mis amigos de Roma que vivo cerca del Coliseo!
