• domingo , 18 agosto 2019

El salario de Peter

P. GARCÍA.

Una ola de pánico de pánico recorre ciertos  sectores del mundo laboral; los sectores de quienes perciben el Salario de Peter.

¿Cuál es su causa? La del muy posible establecimiento de un nuevo gobierno.

¿Qué es el Salario de Peter? El que supera exageradamente el de un sujeto el que percibiría según su preparación y talentos con la mejor de las suertes, en el campo laboral del momento.

¿Quiénes perciben el Salario de Peter? Determinados políticos, asesores, cargos de confianza, periodistas, artistas y, en general, “personas eléctricas” es decir, aquellas que únicamente funcionan cuando “se enchufan”.

Al hablar de Peter me refiero a Laurence J. Peter, el descubridor de la “jerarquiología”, aquel catedrático de Ciencias de la Educación que, en 1969, enunció un célebre Principio que lleva su nombre: ” En una jerarquía todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia“. Se basaba en un enunciado de Ortega y Gasset de los años 1910: “Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior porque han ascendido hasta volverse incompetentes“. Y también en la ley de Parkinson, enunciada por Cyril Norcothe Parkinson (que nada tiene que ver con el James Parkinson, que dio nombre a la enfermedad de la parálisis agitante), un profesor de Historia inglés, descubridor de las leyes ocultas de la pirámide funcionarial: “Ante cualquier problema los funcionarios tienden a crear más funcionarios no rivales, sin resolver el problema”.

Lo del Salario de Peter no lo enunció Peter. Es una extensión mía, a partir de su Principio. Porque de su descubrimiento de la “jerarquiología” deriva la “salariología” o tratado de los emolumentos. Y puede enunciarse así: “Todo individuo que ha alcanzado su nivel de incompetencia percibe, por su ejercicio profesional, un salario N veces superior al que recibiría en condiciones normales”.

El señor Peter señalaba que quien alcanza su nivel de incompetencia percibe los emolumentos elevados correspondientes al nivel que ocupa. Para poner remedio a su incompetencia tiende a crear un número creciente de ayudantes y asesores que le ayuden a disimularla. Ellos, a su vez, deberán ser más incompetentes que él para no constituirse en rivales (Ley de Parkinson) y, por tanto, reciben pagas muy superiores a las pertinentes a sus capacidades.

En nuestro país debe haber bastantes sujetos instalados en la jerarquía, a la vista de la hipertrofiada corte de ayudantes que han alcanzado su nivel de incompetencia y registran las nóminas de las administraciones. Y ante la amenaza del descenso al grado que les corresponde por el muy previsible cambio de gobierno, unos y otros están con que la camisa no les llega al cuerpo.

Yo los comprendo. Entiendo igualmente su desazón. Pero ante la fatalidad que está a punto de abatirse sobre ellos les recomiendo dos cosas: que empiecen a pensar en adquirir los conocimientos que no tenían y por los que sin embargo cobraron para una futura recolocación y que, en lugar de abatirse, piensen en positivo.

Y pensar en positivo es repetir una y mil veces:

– Me han cesado, si, pero ¡que me quiten lo bailao!

 

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