Asustar o ayudar, ésa es la cuestión
CARLOS GÓMEZ CACHO, 1 de abril de 2026
En los últimos años se ha vuelto muy habitual ver titulares alarmistas sobre ciberseguridad: “Tu móvil está en peligro”, “Nadie está a salvo”, “Tus contraseñas ya han sido robadas”. Muchos influencers y hasta especialistas usan este tipo de frases para llamar nuestra atención y conseguir clics, escuchas o visitas. El problema es que, aunque a corto plazo funcionan, a largo plazo generan confusión, miedo y, paradójicamente, menos seguridad.
El motivo principal es que el miedo es una emoción muy poderosa. Cuando sentimos que algo nos amenaza, reaccionamos rápido: hacemos clic, abrimos el vídeo, compartimos la noticia. En un entorno saturado de contenidos, donde todos compiten por segundos de atención, exagerar el peligro se convierte en una tentación constante. “Si no asusto al lector, pasará de largo”, piensan muchos creadores, y así se normalizan palabras como “catástrofe” o “ataque mortal”, aunque la realidad sea mucho más matizable.
Desde la psicología de la comunicación se sabe que los mensajes que apelan al miedo solo ayudan de verdad cuando van acompañados de sensación de control y de pasos concretos a seguir. No basta con decir “esto es muy peligroso”: la persona necesita entender el riesgo, creer que puede hacer algo y saber exactamente qué hacer. Cuando solo hay alarma, la reacción más frecuente no es la acción, sino la parálisis o la negación: me agobio y lo bloqueo, o decido no creerlo.
En ciberseguridad ocurre exactamente esto. Si solo escuchamos “los hackers siempre van por delante”, “es imposible estar seguro” o “si te descargas esta app te robarán todos tus datos”, el mensaje que queda es “no hay nada que yo pueda hacer”. Y cuando creemos que no podemos hacer nada, seguimos igual: mismas contraseñas, mismas costumbres, mismas excusas. Además, tanta exageración acaba erosionando la confianza: el público se acostumbra al dramatismo, se vuelve cínico y deja de reaccionar incluso cuando aparece una alerta realmente importante.
Por eso es tan importante una forma más sana de comunicar la ciberseguridad. Se trata de explicar los riesgos con calma, sin minimizar, pero sin dramatizar, y acompañarlos siempre de medidas claras y asumibles por cualquiera. En vez de “Tus contraseñas están en peligro”, podemos decir: “A menudo se filtran bases de datos de contraseñas; para protegerte, usa una diferente en cada servicio y activa la verificación en dos pasos”. Así, la ciberseguridad deja de ser un terreno oscuro reservado a expertos y se convierte en parte de la vida diaria, como cerrar con llave al salir de casa.
Como consumidores de información, podemos adoptar una actitud un poco más crítica: desconfiar de los titulares que solo buscan asustar, buscar explicaciones claras y fijarnos especialmente en aquellos creadores que nos ayudan a entender y actuar, en lugar de solo alarmarnos. Y como comunicadores, si alguna vez hablamos de estos temas conviene recordar que la confianza se construye con claridad, honestidad y sentido práctico. El miedo puede atraer miradas, pero es la claridad la que ayuda de verdad a las personas a estar más seguras.
