CINE. ‘Un pequeño mundo’
ANA FRANCA ÁLVAREZ, 24 de septiembre de 2026
Hace poco charlaba con amigos sobre lo difícil que es narrar “bien” una historia audiovisual, juntar una serie de imágenes en movimiento que por sí solas pueden no decir nada pero que al organizarlas de tal manera se convierten en una narración coherente y entendible para el observador.
Para este regreso a clases mi atención se centra en Un pequeño mundo (Bélgica, 2021) de la directora Laura Wandel (Bruselas, 1984). La historia es la visión de Nora (Maya Vanderbeque), una niña de 7 años que tiene que enfrentar los nuevos retos de llegar por primera vez al cole. Adelante está Abel (Günter Duret), su hermano mayor, quien la anima a entrar; él le dice que la buscará en el recreo.
En el comedor los minutos pasan, Nora ansiosa por encontrarse con Abel lo busca con la mirada e intenta acercarse a él. Él simula no verla, ella avanza a su encuentro, pero se encuentra con la muralla infranqueable y el mandato implacable de “un adulto”, quien la toma del brazo y la dirige junto a los de su clase. Nora vuelve a buscar a su hermano, esta vez lo encuentra rodeado por chavales mayores, quienes lo empujan y estrujan, y Nora se marcha. Ella lo intenta nuevamente: esta vez los encontrará en el aseo y Abel está todo mojado.
Pronto se dará cuenta del acoso que sufre Abel. La inocencia de Nora es pura, nueva en el cole, sin amigas, que intenta de todas maneras pertenecer a un grupo de niñas de su clase, quienes también en el fondo ejercen crueldad y egoísmo como actividad destructiva y tóxica. Sí, también existe el maltrato en la palabra y el rechazo al indefenso, hasta lograr la muerte por vergüenza.
Un pequeño mundo narra la experiencia de acoso escolar en el espacio de Nora, quien con sus ojos observa sin saber qué hacer por el maltrato que sufre Abel. No hay límites, el maltrato va en escalada; pero no, no va en ascenso porque desde el inicio es brutal.

Nora intenta llegar a los adultos, contar lo que ve todos los días, cómo abusan de su hermano mayor, pero siempre un adulto desde su mundo egoísta piensa que lo que está haciendo es más importante que dejar hablar a una pequeña de 7 años. La directora intenta dejar claro que también los adultos son responsables directos del acoso escolar por omisión “el chaval es buena persona y debe espabilar”.
Un pequeño mundo es una película tierna y violenta. Nora juega con sus compañeras de clase, se ríe con ellas, come con ellas, lo da todo en la clase de deporte, lee en clase con entusiasmo, necesita ser reconocida; más tarde sus compañeras descubrirán que su padre está en el paro, entonces ellas también sabrán lo frágil y vulnerable que es. Nora sufrirá acoso, sus propios miedos, que se debaten entre la lealtad a su padre que la alienta para actuar o la moral hacia su hermano, quien le pide que no lo haga.
Con los ojos de Nora observamos su mundo: el patio de recreo o la piscina, debajo del agua, donde esconde su mundo y sus emociones. Ambos florecerán en el último acto de la obra.
Con la cámara a la altura de los ojos de una niña, encuadres cerrados, movimientos cortos y alegres, la directora nos invita a entrar en los ojos de Nora, refleja su mirada, su atención, elimina el filtro de los adultos, prefiere la ética a la estética para una mejor inmersión emocional. Nora observa a sus amigas, a su hermano, a su padre, pero no al adulto, que no sabe ni siquiera quién es. Además los colores deslavados y texturas nos recuerdan el cine rodado en 16 mm, nos transportan a nuestras infancias, no importa en qué lado estuvimos en el patio de recreo.
Un pequeño mundo fue premiada en Festival de Cannes (2021): ganó el Premio FIPRESCI de la crítica internacional en la sección Un Certain Regard; Premios Magritte (2022), donde ganó 7 de 10 nominaciones; y varias nominaciones como Mejor Película Extranjera en los Premios Goya, Oscar y Ourense Film Festival. Se puede ver en Filmin.

ANA ÁLVAREZ
