HISTORIAS DEL DISTRITO. Del rosa al amarillo

En la película Del rosa al amarillo (1963, de Manolo Summers) el pequeño Guillermo (Pedro Díez del Corral), enamorado de Margarita (Cristina Galbó), se halla cogido de su mano. Resulta interesante observar entre otras escenas que la plaza del Marqués de Salamanca justo en su centro era un parque con bancos y árboles. Y que al final de Juan Bravo, después de Serrano, está la calle de Martínez de la Rosa con su configuración antigua, la denominada calle en “S”.

Sin embargo, mi atención se detiene en varias escenas. Una de ellas es aquella en la que han estado jugando con otros chavales al lado de la embajada de Italia, en Lagasca. La mira de reojo, y mientras tanto un inmenso edificio de ladrillo se vislumbra detrás de él... Ese mismo edificio lo vemos minutos antes, pero vuelve a aparecer de nuevo.

En ocasiones, cuando paseas, presientes que hay lugares que no encajan donde están; o, mejor dicho, muchas veces es evidente que intuyes que allí donde encontramos edificios las más de las veces feos y horribles hubo otros más interesantes.

En el terreno que abarca Lagasca, Maldonado, Claudio Coello y Juan Bravo se encontraba el Asilo del Sagrado Corazón de Jesús. Para poder hablar del edificio, en primer lugar, debiéramos hablar de su ideadora, Ernestina Manuel de Villena, un personaje olvidado en nuestra ciudad y nuestro distrito. Era hija del encargado de negocios del Gobierno español en la Toscana y la hija de un diplomático danés. Nació en Lucca (Italia) en un periodo de trabajo de Manuel Manuel de Villena.

Ernestina pudo elegir y eligió establecer un asilo para niños huérfanos en la calle de la Parada (ya inexistente). Luego fue cambiando su ubicación: camino del Zarzal; calle del Casino; Alburquerque; en un local del convento de San Francisco el Grande (favorecida por el republicano Castelar) y Atocha. Este deambular estaba acompañado de innumerables viajes buscando ayuda allá donde pudiera. Vestida de negro la veían los transeúntes caminando infatigablemente hasta conseguir la ayuda para su objetivo principal.

Iglesia y asilo de huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús.

En Fortunata y Jacinta, Galdós refleja su ideal: “Veremos si al fin me salgo con la mía, que es un grano de anís, nada menos que levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la holgura y la distribución convenientes, todo muy propio, con departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan allí doscientos o trescientos huérfanos, y puedan vivir bien y educarse y ser buenos cristianos”.

Gente importante la recibía, pero solo le daba buenas palabras. Fue muy difícil, pero al final lo consiguió. “Sus talentos de fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel señorío que no sabía salir de ciertas rutinas. Algunas amigas suyas aseguraron que estaba loca, porque demencia era pensar en la fundación de un asilo para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes.”

El 27 de diciembre de 1880 y en presencia de Alfonso XIII se coloca la primera piedra de lo que se denominó Asilo del Sagrado Corazón de Jesús. Evidentemente, no fue cosa inmediata su edificación... Mientras tanto Ernestina vivió de forma austera en una habitación de la calle Barquillo que le cedió la condesa de Carvajal.

Coro y puerta de la iglesia a la calle de Claudio Coello.

En la calle Juan Bravo se instaló el denominado “cepillo de la manteca”, que fue el principal receptor de limosnas con las que hacer crecer aquel proyecto diseñado gratuitamente por el arquitecto Francisco de Cubas Fernández Montes (el marqués de Cubas, que posteriormente fue alcalde de Madrid).

La inauguración se produce el 15 de octubre de 1884. Ocupando los números 3 y 5 de Juan Bravo. El edificio neomudéjar, si observamos algunas fotos, no solo permite recrearnos en su magnífica planta: podemos hacernos a la idea de cómo era nuestro distrito entonces. Ojeando facturas de los denominados “talleres de imprenta, litografía, encuesta y zapatería” encontramos una ilustración con una perspectiva más amplia de la configuración de las instalaciones. Sabemos que estaban situados en el lateral izquierdo, dado que en los sellos aparece el nº 3 como referencia.

El edificio principal constaba de un claustro con grandes ventanales y un jardín en su interior; y de una gran iglesia neogótica. De la iglesia hay algunas imágenes en la prensa. Existía una escalera hasta el coro y a los estrechos habitáculos donde se alojaban las campanas, que estaban situados a ambos lados de una vidriera ojival de la casa Maumejean (creadores de muchos de los mejores vitrales de Europa) que se abría a la fachada exterior de la iglesia. Muchos vecinos hasta los sesenta hicieron allí su comunión y confirmación. Mariano Ozores rodó en ella Después de los nueve meses. En el cine quedan otros testimonios más sombríos; por ejemplo, sale parte de un patio en El verdugo de Berlanga.

Para el alojamiento de los internos, grandes dormitorios repletos de camas; para la manutención, cocinas, los almacenes y despensas; para la asistencia sanitaria, una gran enfermería de 200 camas con una sala especializada en enfermedades infecciosas. Además del taller de artes gráficas, se creó otro de zapatería.

Comenzaron allí el personal y sus primeros 70 residentes. Entre el personal externo al centro podríamos mencionar a Manuel de Tolosa Latour (entonces médico titular del Hospital Niño Jesús), precursor de la medicina infantil en nuestro país y uno de los médicos e investigadores más brillantes del momento. En el asilo ejerció la dirección médica, y entre otras cosas montó la enfermería que les mencioné de 200 plazas.

De aquellos primeros años apenas quedan registros de la organización y otras cuestiones. Con el tiempo “El Asilo”, como lo denominaban sus alumnos, pasó desde la beneficencia a ser una institución de pago sufragada por las familias recurriendo a reaseguros. La condición para ingresar era ser huérfano de padre o de madre, muchos de ellos hijos de quienes habían fallecido a causa de accidentes de trabajo. La gran mayoría de ellos eran hijos de mineros, de marineros de pesca o de la mercante o provenientes de la emigración.

En los cincuenta del siglo pasado ya se les había quedado pequeño; en 1965 adquirieron un nuevo local en Cardenal Herrera Oria (242), donde en 1968 comenzaron las obras para el posterior traslado. Posiblemente el edificio fue abandonado en 1970, y tres años después la piqueta nos borró este edificio.

De alguna manera aquella arquitectura original que se consideró genuina de España, para el final del franquismo resultó fea y pobre. Al final uno debe mirarse y ver qué hace con lo suyo en vez de mirar otros horrores más allá de nuestras fronteras.


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