• lunes , 17 diciembre 2018

Una candidata al Nobel de Literatura, residente en la calle Goya

CARLOS RODRÍGUEZ EGUÍA. Septiembre 2018.

Después de publicar en 1909 La niña de Luzmela, su primera novela de gran éxito, la escritora cántabra Concha Espina (1869-1955) se separa de su marido Ramón de la Serna, que se marcha a México. Ella se traslada a Madrid con tres hijos y una hija, instalándose en un piso de la calle Goya, donde los viernes tiene lugar un salón literario, al que acuden escritores y escritoras, entre otras personas relacionadas con la cultura. En 1922, la anfitriona es ya célebre por su obra literaria (poesía, novela, relatos cortos, obras de teatro, ensayos y libros de viaje) y periodística, en varios diarios.

La RAE (Real Academia Española) le concede en 2015 el premio Fastenrath por La esfinge maragata, en la que narra la vida de una mujer casada en contra de su voluntad. A esta novela le siguen La rosa de los vientos (1916), El metal de los muertos (1920), Dulce nombre (1921), etcétera.

Pasarían muchos años hasta que Madrid la recordara dando nombre a una avenida y a una estación de Metro

Decisiva es su intervención en el indulto al dibujante anarquista Juan Bautista Acher (1897-1967), al que llamaban “el poeta”. Acher, enterado de la inminente detención de sus amigos anarquistas, que preparaban un atentado contra Martínez Anido, gobernador civil de Barcelona, acude a avisarles con tan mala suerte que, cuando entra en la vivienda de los conspiradores, explotan los explosivos. Sus amigos mueren y él queda malherido. Acusado de terrorismo, por haber participado también en un atentado contra somatenes en Barcelona, es condenado a muerte en 1922. Entre las numerosas personas que solicitan el indulto destaca la gestión de Concha Espina, que moviliza a muchos escritores en favor de Acher. La pena de muerte es conmutada por la de cadena perpetua. Declarada la República en 1931, es excarcelado.

En 1926, Concha Espina es candidata por primera vez al Nobel de Literatura, que se concedía desde 1901. Pierde por un voto frente a la italiana Grazia Deledda. Posteriormente vuelve varias veces sin éxito a ser candidata al premio, que hasta 1917 han obtenido 14 escritoras. Ninguna española. Tal vez en los años 20 el papel desempeñado por Concha Espina en la petición del indulto a Acher influyera en la negativa de la RAE a apoyar su candidatura. Era la época de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, en el reinado de Alfonso XIII. Ella es una de las firmantes de la carta dirigida al Directorio Militar.

Pasarían muchos años para que Madrid, donde fallece la escritora, la recordara dando su nombre a una avenida y a una estación de Metro en la línea 9. Nombres que permanecerán, después de la decisión de la alcaldesa Manuel Carmena, al referirse a la Ley de Memoria Histórica y a la conveniencia de conservar nombres que iban a cambiarse, como es el caso de Concha Espina. Quizás la alcaldesa recordara que la escritora participó con Pío Baroja y Manuel Machado en la fundación de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, durante la República, aunque después siguió otros derroteros.

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