Sin consentimiento, es violación



ROBERTO BLANCO TOMÁS. Mayo 2018.

En este mismo espacio, el pasado mes de diciembre, un servidor defendía, en relación con el caso de “La Piara” —Perdón, “La Manada”, que me ha traicionado el subconsciente—, evitar los juicios paralelos y dejar actuar a los jueces, por aquello de “guardar las formas”. Pues bien, ya han actuado, así que ahora es cuando me siento libre para opinar, y eso voy a hacer.

Empezaré diciendo que no estoy de acuerdo con la sentencia dictada. Con los datos que se conocen de este caso estoy convencido de que estamos ante una clarísima violación, y no de ese “abuso sexual con prevalimiento” por el que se ha inclinado el tribunal, condenando a los acusados a nueve años de prisión. También confesaré que en algún momento tuve esperanzas de que los jueces lo vieran tan claro como yo, lo que muestra inequívocamente que soy un ingenuo de tomo y lomo. Y es que, si vivimos en una sociedad machista, lo lógico es que la Justicia que tenemos sea un reflejo de la misma, machista por lo tanto. Y ya ha habido un montón de sentencias de esa índole (que si la minifalda era corta e iba provocando, que si la víctima no cerró las piernas con suficiente fuerza…) para darnos cuenta. Que ya somos adultos, y ser ingenuo con 15 años puede resultar hasta tierno, pero serlo con 42 limita peligrosamente con la tontuna.

E imagino que habrá quien diga: “claro, dice que dejemos actuar a la Justicia, pero cuando ésta actúa y no establece lo que él quiere no le parece bien”. Y dirá bien, pues todo juicio es subjetivo, incluido el de la Justicia, que al fin y al cabo lo emiten personas. Pero mi desacuerdo no es tanto porque un juez machista haya inclinado a un tribunal a dictar una sentencia despreciable (que también), sino porque tenemos unas leyes infamantes que lo permiten.

Me explico: creo que es de sentido común para cualquier mente sana que, si una persona dice que no quiere tener relaciones sexuales contigo, y pese a eso tú vas y la obligas a tenerlas, aunque no ejerzas la fuerza y solo te sirvas de la coacción o aproveches una situación de debilidad o aturdimiento de la otra persona, o cualquier otra posibilidad que se nos ocurra, eso es violación. Y punto. Pero nuestras leyes no lo ven así, ya que establecen que para que exista agresión sexual tiene que haber violencia o intimidación. Así que si te drogan, o si te encuentras en un estado mental que te paraliza en esa situación, o si por ejemplo el miedo de que además de violarte te puedan asesinar o hacer algún tipo de daño adicional te impide defenderte y dejas hacer para que pase lo antes posible, pues entonces la legislación española considera que a ti no te han violado. Solo han abusado de ti. Es otra forma más de criminalizar a la víctima (además de todo lo que ya vimos durante el proceso, que apunté en su momento aquí mismo), y es machismo, ya que casi “normaliza” el uso de las mujeres como un objeto sexual que por defecto se puede “utilizar” (“si no se resiste, si no hay que forzarla, lo máximo que hemos hecho ha sido abusar de ella”). Es asqueroso, y hay que cambiarlo.

Pero en cualquier caso, insisto en lo mismo que siempre… No solo hay que cambiar la legislación: hay que cambiar la sociedad por completo. Porque por mucho que nos dotemos de leyes más precisas y “justas”, al final la decisión va a depender de una persona. Y como esa persona sea alguien como el juez Ricardo González, que pedía la absolución de los cinco acusados, estaremos listos.

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