• domingo , 15 diciembre 2019

Las generaciones y los momentos históricos

EDITORIAL.

La organización social se continúa y amplía, pero esto no puede ocurrir solamente por la presencia de objetos sociales que han sido producidos en el pasado y que se utilizan para vivir el presente y proyectarse hacia el futuro. Tal mecánica es demasiado elemental como para explicar el proceso de la civilización. La continuidad está dada por las generaciones humanas, que no están puestas una al lado de otra, sino que, coexistiendo, interactúan y se transforman. Estas generaciones, que permiten continuidad y desarrollo, son estructuras dinámicas, son el tiempo social en movimiento sin el cual la civilización caería en estado natural y perdería su condición de sociedad. Ocurre, por otra parte, que en todo momento histórico coexisten generaciones de distinto nivel temporal, de distinta retención y futurización, que configuran paisajes de situación y creencias diferentes.

El cuerpo y comportamiento de niños y ancianos delata, para las generaciones activas, una presencia de la que se viene y a la que se va. A su vez, para los extremos de esa triple relación, también se verifican ubicaciones de temporalidad extremas. Pero esto no permanece jamás detenido, porque mientras las generaciones activas envejecen y los ancianos mueren, los niños van transformándose y comienzan a ocupar posiciones activas. Entre tanto, nuevos nacimientos reconstituyen continuamente a la sociedad.

Cuando, por abstracción, se “detiene” al incesante fluir, podemos hablar de “momento histórico” en el que todos los miembros emplazados en el mismo escenario social pueden ser considerados “contemporáneos”, vivientes de un mismo tiempo. Pero observamos que no son coetáneos, que no tienen la misma edad, la misma temporalidad interna en cuanto a paisajes de formación, situación actual y proyecto. En realidad, una dialéctica generacional se establece entre las “franjas” más contiguas que tratan de ocupar la actividad central, el presente social, de acuerdo a sus intereses y creencias.

Es la temporalidad social interna la que explica estructuralmente el devenir histórico en el que interactúan distintas acumulaciones generacionales, y no la sucesión de fenómenos linealmente puestos uno al lado del otro, como en el tiempo de calendario, según nos lo ha explicado alguna que otra filosofía de la historia.

Constituido socialmente en un mundo histórico en el que voy configurando mi paisaje, interpreto aquello a donde lanzo mi mirada. Está mi paisaje personal, pero también un paisaje colectivo que responde en ese momento a grandes conjuntos. Coexisten en un mismo tiempo presente distintas generaciones. En un momento, para ejemplificar gruesamente, existen aquellos que nacieron antes del transistor y los que lo hicieron entre ordenadores. Numerosas configuraciones difieren en ambas experiencias, no solamente en el modo de actuar, sino en el de pensar y sentir… Y aquello que en la relación social y en el modo de producción funcionaba en una época, deja de hacerlo lentamente o, a veces, de modo abrupto. Se esperaba un resultado a futuro, y ese futuro ha llegado, pero las cosas no resultaron del modo en que fueron proyectadas. Ni aquella acción, ni aquella sensibilidad, ni aquella ideología coinciden con el nuevo paisaje que se va imponiendo socialmente.

 

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