• martes , 17 septiembre 2019

El circo político

ROBERTO BLANCO TOMÁS. Mayo 2019.

Como era de imaginar, tremendo empacho llevamos ya a estas alturas de la “fiesta de la democracia”, con los políticos hasta en la sopa y ese estilo faltón que hace tiempo que les caracteriza, al menos por estos pagos. Pasadas ya las generales del 28A, aún nos queda por delante casi otro largo mes hasta las municipales, autonómicas y europeas del 26M. Como si de una conjunción astral se tratara, se han alineado casi todos los comicios posibles en dos meses, incluyendo campañas, y ya estamos que oímos campañas y no sabemos dónde.

Chistes malos aparte, el pie para este artículo me lo ha dado mi compañera mientras comprábamos en una gran superficie. En la cola no hemos podido evitar “poner la oreja” a una conversación de unos chavales sobre toda esta vaina, y cuando ya estábamos cargando el maletero, va ella y me dice: “el problema es que hoy en día no se habla de política, sino de políticos”. Yo no soy capaz de resumir mejor la situación.

Voy a intentar explicar por qué creo que ocurre esto, de forma aséptica. Pese a que nos venden (pues como verán el enfoque es comercial) que cada partido tiene su ideología, en términos político-económicos todos tienen la misma: la democracia parlamentaria como sistema político y la economía de mercado como sistema económico. Luego hay matices y guiños para intentar diferenciar el “producto” de cada uno, pero nadie va a hacer nada que se salga del tiesto: quien entra en este juego y pretende contar en él, suele aceptar las reglas (no me sirve lo de Cataluña como prueba de lo contrario, pues siempre me ha parecido un órdago para negociar ventajas que se salió de madre, “y a ver cómo paramos ahora”, como el Brexit; más accidente que otra cosa). La máquina del mercado debe funcionar, la gente no debe estorbarla con excentricidades, y si su única participación política es votar cada cuatro años, mejor que mejor. Mientras, todos cobramos, y luego salimos por una “puerta giratoria” y encontramos un sitio agradable para vivir todo lo bien que nos merecemos.

“¿Y qué hay de Vox?”, dirán. Vox ha servido de revulsivo para volver a traer a las urnas a gente que se encontraba ya lejos de ellas (“el día que la extrema derecha movilizó a la izquierda”, decía Jordi Évole), pero no es nada nuevo. Ya en los noventa, cuando hubo otro auge de la extrema derecha en Europa, diversos autores sostenían que en nuestro país no se hacía visible porque ese nicho ideológico estaba atomizado en multitud de partidillos, y buena parte del mismo lo ocupaba el ala derecha del entonces monolítico PP, pero que si se unían y encontraban un líder carismático podían alcanzar un 10% de los votos… que es lo que han sacado ahora (10,3%, para ser exactos). La extrema derecha no ha crecido nada: solo ha “salido del armario” y se ha unificado en un partido. Lo del “líder carismático”, bueno… En aquella época se hablaba de un Gil y Gil, un Matanzo, un Ruiz Mateos… y hoy tienen a un Santiago Abascal, con lo que queda claro que, antes como ahora, se referían a un carisma más bien chanante.

Pero volvamos al hilo: si la participación política que se desea es la de votar a mi partido cada cuatro años y ya, lo podemos reducir a términos de “conseguir que compren mi producto”: publicidad y marketing. Así que más que ideología, que eso es un rollo infumable que espanta al comprador, se trata de transmitir sensaciones, emociones, imagen. Todo eso concentrado en una persona, pues quien vota lo hace pensando en el futuro presidente de su país, así que en realidad el producto es el candidato, no el partido. Por eso terminamos hablando de políticos y no de política: éste es más listo, éste es más guapo, éste es más educado, éste está mejor preparado, éste llama a las cosas por su nombre…

Y ahora opino: las cosas no van a cambiar solo porque gobierne Pepito o Juanito, pues nunca lo han hecho. Lo que vemos por la tele cuando salen los políticos es puro show business, el maravilloso mundo del circo, que está hecho para entretenernos. Pero este país tiene problemas reales: pobreza, vivienda, violencia machista, pensiones, desempleo, precariedad, libertad de expresión… Si quieren que esto cambie, no se limiten a votar cada cuatro años y luego cada cual a su burbuja: las cosas siempre se han conseguido en colectivo, movilizándose y trabajando duro por ellas, y cada cual haciendo su parte. En fin, ustedes verán…

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