• lunes , 6 abril 2020

Setsuko Thurlow: ‘Mientras haya armas nucleares no hay garantía de seguridad’

CASA DE AMÉRICA. Marzo 2020.

Celebrada en Casa de América la mesa redonda ‘El desarme nuclear humanitario y Latinoamérica’, con la participación de dos Premios Nobel de la Paz.

Setsuko Thurlow, superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima de 1945, acudía el 24 de febrero a un acto en Casa de América para seguir concienciando sobre las graves consecuencias del uso de armas nucleares. Thurlow estuvo acompañada por Carlos Umaña, junto a quien recibió en 2017 el Premio Nobel de La Paz a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN).

La activista comenzó su intervención agradeciendo a Costa Rica que promoviera la adopción del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares desde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. La  embajadora en España de Costa Rica, Ana Helena Chacón, abogó por “invertir más en desarrollo humano y menos en armamento, ya que aún hoy existe una imperiosa necesidad de paz en el mundo”. Por su parte, Carlos Umaña (ICAN) resaltó que dicho tratado es el fruto de una nueva forma de hacer política internacional, y que su labor es fundamental para evitar unas consecuencias humanitarias que superan con creces a las de una guerra convencional: “Usar estas armas es un acto suicida. Están hechas para matar civiles, y los supervivientes sufren sus efectos durante toda su vida”.

El testimonio de Setsuko Thurlow también puso el foco en este último punto, explicando que “75 años después ha seguido muriendo gente por los efectos retardados de la radiación”. Ella tan solo tenía 13 años cuando tuvo lugar el ataque. Perdió el conocimiento y, al despertar, vio a unas 30 chicas quemadas vivas a su alrededor. Un soldado la condujo a ella y otros supervivientes a una colina en la que multitud de moribundos suplicaban por un poco de agua: “no teníamos recipientes para llevar el agua. Fuimos al arroyo, empapamos nuestra ropa y se la llevamos a la gente. Miré alrededor y no había ningún medico ni enfermera que nos pudiera ayudar, porque también estaban muertos”.

La hermana de Thurlow y su hijo de 4 años iban de camino a un hospital por encima de un puente cuando ocurrió todo: “Cuando les vi no parecían seres humanos. Estaban quemados de forma irreconocible y murieron unos días después”. Thurlow cuenta que no sintió nada en ese momento y que el recuerdo de no haber soltado ni una lágrima la persiguió durante mucho tiempo: “Luego estudié Psicología, aprendí sobre el comportamiento humano en situaciones alarmantes y supe que no debía sentir culpa, pero la imagen de mi sobrino de 4 años aún está conmigo”.

La Premio Nobel habló también sobre la censura que tuvo lugar en esa época alrededor del ataque nuclear: “Estaba prohibido hablar del sufrimiento humano. Confiscaron los diarios de la gente, los poemas que nacieron a partir del dolor y los historiales médicos. En total se confiscaron y censuraron 32.000 objetos”.

Cuando en 1954 Setsuko Thurlow llegó a EE UU con una beca, el país se encontraba precisamente en fase de prueba de una nueva bomba a enorme escala. Fue entonces cuando fue más consciente de su responsabilidad y obligación moral de contar al mundo las graves consecuencias de aquello. Hoy, a sus 88 años, sigue viajando por distintos países para concienciar sobre ello.

 

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