• viernes , 23 febrero 2018

¿Recta acción?

EDITORIAL. Enero 2018

El mundo tiene sus graves problemas, pero sería una desproporción querer cambiar al mundo si no está en mis posibilidades reales hacerlo. Lo único que puedo cambiar es a mi medio inmediato y de algún modo cambiarme yo. Y si mis posibilidades de acción y de transformación llegaran más lejos, en ese caso, mi prójimo sería algo más que mi pareja, mi amigo, mi compañero de trabajo.

Hay que tener conciencia de las propias limitaciones para realizar una acción cuerda y eficaz.

¿En qué se basa este cambio? Se basa en la idea de que dar es mejor que recibir. En la idea de que todo acto que termina en uno mismo genera contradicción y sufrimiento, y en la idea de que las acciones que terminan en otro son las únicas capaces de hacer superar el propio sufrimiento.

No es la sabiduría la que puede hacer al hombre superar el propio sufrimiento. Puede haber un recto pensamiento y una recta intención, pero puede faltar una recta acción. No hay recta acción si no está inspirada por la compasión. Esta actitud humana básica de compasión, esto de que el acto humano vaya hacia el otro, es la base de todo crecimiento individual y social.

Estas cosas han sido dichas hace mucho tiempo, de manera que nada nuevo estamos diciendo aquí, sino que estamos tratando de hacer tomar conciencia de que este encerramiento, este individualismo, esta vuelta de las acciones sobre sí mismo, están produciendo una desintegración total en el hombre de hoy. Sin embargo, estas ideas tan simples parecen no ser fáciles de comprender en muchos lugares. Por último, hay mucha gente que piensa que encerrarse en los propios problemas evita, por lo menos, nuevas dificultades. Esto, claro está, no es cierto. Más bien sucede lo contrario. La contradicción personal contamina al medio inmediato.

Cuando hablo de contradicción, hablo de actos perjudiciales a uno mismo. Me traiciono a mí mismo cuando hago cosas opuestas a las que siento. Eso me crea sufrimiento permanente, y ese sufrimiento no queda solamente en mí, sino que contamina a todos los que me rodean. Este aparente sufrimiento individual que surge de la contradicción personal termina siendo un sufrimiento social.

Hay un solo acto que permite al ser humano romper su contradicción y sufrimiento permanente. Éste es el acto moral en el que el ser humano se dirige a otros para hacer superar sus sufrimientos. Cuando yo ayudo a otro a hacer superar su sufrimiento, yo me recuerdo luego en mi propia bondad; en cambio, cuando realizo un acto de contradicción yo recuerdo aquel momento como algo que torció mi vida. Así pues, los actos de contradicción invierten la rueda de la vida, mientras que los actos que terminan en otro para hacer superar el sufrimiento ponen en marcha la rueda de la vida.

Todo acto que termina en uno fatalmente marcha hacia la contradicción, hacia la contaminación del medio inmediato. Aun la sabiduría pura, la sabiduría intelectual que permanece en uno, lleva a la contradicción. Éste es tiempo de acción, y esta acción consiste en comenzar a ayudar a otros a superar el propio sufrimiento. Ésta es la recta acción, la compasión, el acto moral por excelencia.

 

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