• lunes , 17 junio 2019

Los vecinos y la pobreza energética

ROBERTO BLANCO / ÁFRICA MARTÍNEZ.

El de la pobreza energética es un tema que lleva bastante tiempo ahí, y que cobraba especial actualidad el mes pasado a raíz de la noticia del fallecimiento de una anciana en Reus, en un incendio provocado por una vela que usaba para alumbrarse al tener cortada la electricidad. Hemos querido conocer la opinión de nuestros vecinos sobre esta lamentable realidad.

Rosa Bernaldo

Comenzamos preguntándoles qué ideas y sentimientos les genera esta cuestión. Silvia Silberstein nos confiesa que le despierta “sentimientos de tristeza y un poco de rabia también por la injusticia de la situación”. Aurora Hernández coincide: “Me genera un sentimiento de tristeza y me hace pensar en la poca solidaridad que hay actualmente. Existen muchos recursos naturales que, por beneficios económicos, no interesa que tengamos”. Raúl López explica: “Da mucha pena. En definitiva, es pobreza. Lo que ocurre es que hay distintos grados de pobreza, y mucha gente que está sin trabajo y se le acaba la prestación empieza a tener problemas para pagar lo más básico, como la luz, el gas o el teléfono. O a veces incluso, con sueldos de miseria de 300 euros, que los hay, les da para pagar la comida y la ropa de ellos y sus hijos, y cualquier gasto extra no es asumible”. Rosa Bernaldo de Quirós lo pone en contexto: “Este tema de la pobreza energética es un foco del problema general de la economía neoliberal que empobrece poco a poco a la mayoría social y que sin piedad relega a millones de seres humanos a situaciones dramáticas y desesperadas”. Lola Ramírez aclara: “Es un concepto que parece nuevo, pero no lo es: siempre ha habido pobres y ricos”.

Raúl López

Continuamos pidiendo su opinión sobre el hecho de que en una sociedad como la nuestra, a la que se tiene por “avanzada” y “del primer mundo”, ocurran estas cosas. Silvia es clara: “Mi opinión es que un país no es ‘avanzado’ si su gente no puede calentar su casa. Sin las personas no puede haber ‘desarrollo’”. Igual piensa Aurora: “Opino que realmente no somos una sociedad avanzada, sino egoísta, ya que su única prioridad no es el bienestar de las personas, sino el ganar más dinero”. A Raúl le indigna “que no haya un salario mínimo decente como en otros países de Europa, de 1.000 euros mínimo o más, que permita a la gente vivir bien. O que no haya unos subsidios permanentes y decentes que permitan a la gente que no ha tenido suerte vivir de acuerdo a la Carta de los Derechos Humanos. El avance tecnológico, en vez de servir a toda la población, está repercutiendo en mayores beneficios de quienes tienen grandes capitales, al beneficiarse ellos de la tecnología para producir más y mejor y dejar a cada vez más población en la calle. El avance tecnológico debería ser patrimonio de la humanidad”. Por su parte, Rosa apunta: “Estas noticias me producen mucha indignación visceral. Refleja una sociedad  peor  que la cavernícola, ya que ellos se protegían y colaboraban unos con otros. Afortunadamente hay una nueva sensibilidad en los jóvenes mucho más solidaria que nos ayudará a salir de la prehistoria”. Finalmente, Lola expresa: “No debería ser así, da muy mala imagen de país. Ahora los medios lo sacan como algo nuevo, levantando falsas alarmas sobre algo que ha ocurrido siempre”.

Lola Ramírez

Les preguntamos si consideran apropiadas las políticas llevadas a cabo por las distintas Administraciones en este asunto. Silvia opina que no, “porque no impiden que a la gente que no puede pagar le corten la luz cuando llega el invierno. Debería haber leyes que lo impidan. Las ayudas no son suficientes: las dan por unos meses, pero el problema no se resuelve. El bono social tampoco es suficiente, y no toma en cuenta los ingresos de las familias”. Raúl defiende que “todas esas Administraciones deberían velar por que no hubiera nadie que se quedara sin esos servicios básicos, porque son derechos. No es excusa que se hayan privatizado esos bienes (que nunca debieron pasar a manos privadas) para que haya familias que se queden sin ellos por no poder pagar”. Rosa estima que “Las políticas son muy insuficientes, y esto no se soluciona con parches. Vamos hacia una sociedad más tecnológica que nos liberará del trabajo físico, pero será necesaria, y con urgencia, una renta básica universal para parar el colapso al que nos lleva este sistema inhumano”. Aurora resume: “No creo que sean las apropiadas. Si lo fueran, no tendrían lugar estos acontecimientos”. En cambio, Lola opina: “Sí, los servicios sociales deben atender a todas estas personas, con la ayuda de las asociaciones y organizaciones cristianas, que ya lo hacen”.

Aurora Hernández

Terminamos, como de costumbre, preguntándoles cómo solucionarían el problema. Silvia: “Lo más justo sería que nadie estuviera sin ingresos ni se encontrara en esta situación. Como la realidad es otra, mientras tanto se debería prohibir a las empresas eléctricas que corten la luz a las familias durante el invierno. En otros países de Europa así se hace, aquí parece que se protegen más las ganancias que las personas”. Raúl: “Una ley que impida cortes de servicios básicos a nadie, que las personas con bajos ingresos tengan tarifas más bajas e incluso gratuitas; y, por otro lado, invertir en energías alternativas”. Rosa: “Con políticas más solidarias, donde las personas sean lo más importante, y no el dinero”. Aurora: “Con las fuentes energéticas naturales, y no permitiendo el abuso que existe actualmente por las empresas que sacan tanto beneficio de todo esto”. Lola: “Si se genera riqueza, si la actividad económica crece, podemos tener una sociedad con trabajo para todos y no habría personas en estas situaciones”.

 

Para hacer este reportaje hemos contado con las opiniones de:
Silvia Silberstein, 61 años, traductora;
Raúl López, 49 años, comercial;
Rosa Bernaldo de Quirós, 64 años, funcionaria;
Aurora Hernández, 36 años, profesora e investigadora desempleada;
Lola Ramírez, 44 años, administrativa.

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