• miércoles , 20 noviembre 2019

La violencia contra las mujeres, todavía.

Los vecinos opinan sobre una lacra que avergüenza a nuestra sociedad.

ROBERTO BLANCO / ÁFRICA MARTÍNEZ

El 25 de este mes se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres. Resulta aterrador que aún haya que lidiar con esta lacra que avergüenza a nuestra sociedad, pero la constante presencia de tales casos en los medios nos recuerda que todavía queda mucho por hacer en este campo para conseguir su total erradicación.

Como consideramos este asunto de máxima importancia, hemos querido preguntar a nuestros vecinos su opinión. Comenzamos indagando qué les parece que a día de hoy esto siga existiendo. Mª del Carmen Gómez lo ve “como un indicador de que las prioridades están cambiadas y de lo obsoleto de un sistema que ya no va. Seguimos creyendo en la esclavitud y en el individualismo, reflejados en la posesión de dinero y cosas materiales. La intención de otros no cuenta, solo lo que a uno le afecta. Esto produce mucha violencia, en un continuo competir por lo mío, sin darse cuenta de que mi libertad termina donde empieza la de los otros”. Noelia García expone: “La violencia de género continúa en nuestros días, incluso de forma invisible, pues tenemos normalizadas muchas formas que pasan desapercibidas. Son todas las manifestaciones de discriminación, desigualdad y relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, que pueden tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer. Violencia de género no son solo golpes. El 12,5% de las mujeres españolas mayores de 16 años la ha sufrido alguna vez, y el 2,7% la ha padecido en el último año. Entre las jóvenes, la tasa sube: el 25,4% de las mujeres ha padecido violencia de género, frente al 21,9% que afirma haber sufrido violencia emocional y el 10,8% que identifica violencia económica”. Para Carmen Andreu, “Es muy triste, aunque en mi opinión siempre la ha habido, pero ahora debería ser algo de la Prehistoria”. Nieves Fernández se expresa en términos similares: “Me parece vergonzoso que en el siglo XXI pase esto”. Por su parte, Ana de Miguel sostiene: “Es lamentable. Desgraciadamente también existe en países más avanzados, y los estudios señalan que los casos se dan en cualquier estrato social e independientemente del grado de formación de víctima o maltratador”. A Paúl Sáez le parece “terrible, creo que es una consecuencia extrema de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Los roles que asumimos desde la educación y la familia siguen fomentando las relaciones de pareja posesivas y dependientes, y yo como hombre sigo descubriéndome pequeñas conductas y expresiones que, aunque no sean violentas, sí reafirman esos roles”.

Vista la realidad del problema, les preguntamos cómo reaccionar ante estos casos. Mª del Carmen resume: “Información y la ayuda posible”. Para Noelia, hay que luchar “contra esta lacra cada día. La cultura patriarcal nos culpabiliza sin que la sociedad, los medios y los poderes públicos se enfrenten a los mitos misóginos y antifeministas. El machismo alimenta nuestra desvalorización, la cosificación de nuestros cuerpos y la falta de respeto a nuestras decisiones. Para construir una sociedad igualitaria hace falta revaluar las cualidades que se transfieren y desarrollan en el proceso educativo, de forma que determinados conocimientos, habilidades o actitudes que se atribuyen a hombres y mujeres no estén infravalorados ni sobrevalorados por pertenecer a uno u otro sexo”. Carmen opina: “Ya no se tendría que hablar de estas cosas. La violencia debería darnos a todos repugnancia”, y Nieves aconseja “Denunciarlo, en cualquier caso, y no callar”. Para Ana, “Lo deseable sería que todos estuviésemos concienciados sobre la necesidad de denunciar estos casos. Pero no es siempre fácil, a veces no queremos inmiscuirnos en los ‘asuntos de los demás’, y algunas víctimas se niegan a denunciar o testificar en contra del maltratador. Esto crea un clima en el que todos miramos a otro lado mientras esperamos soluciones mágicas, cuando la víctima no puede romper con su situación por motivos tan dispares como económicos, sentimentales, etc.”. Paúl: “no se debe ocultar una agresión: las víctimas deben denunciar, y las personas del entorno, si somos testigos, primero apoyar a la mujer para que se sienta respaldada y eso facilite que sea ella la que dé el paso; y si no, denunciarlo nosotros. Tampoco se trata solo de denunciar: hay que acompañar y ser comprensivos con la víctima en el proceso posterior”.

Para terminar, les preguntamos qué medidas deberían tomarse para acabar con este problema. En opinión de Mª del Carmen, “Priorizar en la educación y en los valores humanos por encima de cualquier otro. La riqueza de la diversidad de formas y el reconocimiento de lo mejor de cada uno”. Noelia sostiene que “Necesitamos que la prevención sea una política prioritaria, que incluya un sistema coeducativo en todos los ciclos, la formación específica para todo el personal profesional que interviene en los procesos, los medios de comunicación, la producción cultural y la sociedad civil en la lucha contra las violencias machistas. Además, es necesario que los medios de comunicación sean más responsables con el tratamiento que hacen de la violencia”. Carmen apunta: “no quedarnos impasibles y tener una participación en contra de la violencia en todos los sentidos, empezando por nosotros mismos. Además de leyes más eficaces que tengan en cuenta solucionar el problema y la reeducación de los maltratadores”. Nieves demanda “Rapidez en el tema burocrático y que las condenas sean más duras”. Para Ana de Miguel, “La educación es fundamental. Solo podremos evitar que haya futuros maltratadores si educamos primero en casa en la igualdad, el respeto y la no violencia, educación que debe extenderse a la escuela y la sociedad en general. Con los maltratadores actuales, debería ser obligatorio para acceder a beneficios penitenciarios el asistir y participar activamente en programas especializados en su reeducación y reinserción social”. Paúl concluye: “Desde las instituciones, creo que hay que hacer un trabajo preventivo; judicialmente, teniendo muy en cuenta los antecedentes violentos de los agresores y las denuncias a la hora de aplicar medidas de protección de las víctimas; y ofreciendo recursos sociales suficientes para el tratamiento y rehabilitación de las víctimas que lo necesiten. Pero creo que es en la educación y en la concienciación donde mejor se pueden cambiar las cosas. No creo que se trate solo de señalar al violento, sino de observar y cambiar en nosotros los comportamientos que refuerzan los tópicos y actitudes sobre los que se construyen los roles machistas. Y no es fácil”.

Para la elaboración de este reportaje hemos contado con las opiniones de:
Mª del Carmen Gómez, 61 años, administrativa; Noelia García, 29 años, periodista; Carmen Andreu, 50 años, peluquera; Nieves Fernández, 51 años, comercial; Ana de Miguel, 34 años, comercial; Paul Sáez, 48 años, diseñador gráfico.

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