• martes , 25 junio 2019

La compasión como trasfondo

EDITORIAL. Junio 2017.

El proceso mundial que vemos es de concentración continua en las ciudades. Concentración del capital en pocas manos, concentración urbana, concentración en todos los sentidos. Las aparentes descentralizaciones simplemente rompen el orden anterior y promueven concentraciones en otro nivel. Si se desintegran los Estados, se concentra el Paraestado; si se desintegran las empresas centralizadas, se fortalecen las corporaciones y el capital financiero. Al parecer, nada tiene fuerza centrífuga. Todo se concentra, y la aparente desconcentración es un simple paso en el rompimiento de esquemas anteriores que luego pasan a ser parte de una concentración mayor.

El ser humano se ha convertido también en un consumista. Está pensando que todo termina en él y que todo está en función de él. Pero se están proponiendo nuevas ideas, nuevos comportamientos, en una dirección opuesta a la recién comentada. No se trata de considerar al ser humano como un consumista; se trata de cumplir con las necesidades básicas. Se trata de distribuir y descentralizar, de llevar la cultura hacia todas las zonas rurales. Se trata, en definitiva, de desconcentrar este proceso compulsivo que lleva el mundo actual. Es de suma importancia comprender esta experiencia. Independientemente del éxito que tenga, está en el futuro; en sí misma es una acción válida.

Por otra parte, en esa nueva visión del hombre y de la sociedad el hombre no está considerado como ser aislado, sino en relación social. Existe la idea de compasión como trasfondo de todo esto. De esa acción que no termina en uno, sino que llega al otro. No se considera tanto al sufrimiento que uno pueda tener, sino que la preocupación está puesta en el sufrimiento que puedan tener los otros.

Hay personas que piensan que tienen muchos problemas personales, y como tienen esos problemas no hacen nada por el otro. Es muy extraordinario ver a la gente de buen nivel de vida, que está imposibilitada de ayudar a otros porque cree que tiene innumerables problemas. Sin embargo, las capas más pobres de la población, que padecen enormes dificultades reales, tienen capacidad de ir hacia los otros, capacidad de compartir sus recursos, capacidad de saltar por encima del propio sufrimiento en continuos actos de solidaridad.

Es una fuerza moral en marcha que va hacia los otros, que nos mejora a nosotros mismos en la medida en que superamos el sufrimiento de los otros.

 

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