• lunes , 17 diciembre 2018

Julio Camba, en el Distrito

CARLOS RODRÍGUEZ EGUÍA.

El historiador Antonio Ortiz Mateos, en Pervivencia del franquismo en el callejero madrileño (2013), considera que, a pesar de la Ley de Memoria Histórica (2007), la toponimia urbana de Madrid conserva nombres de “la sublevación militar de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura”. En el listado de nombres figura el periodista gallego Julio Camba Andreu (1884-1962), a quien en 1964, siendo alcalde el conde de Mayalde, se le dedica una calle, que hasta entonces era la avenida Circular, entre la calle de Alcalá y la avenida de los Toreros, en el barrio de La Guindalera.

Su camaleónica vida, caracterizada por la volubilidad, independencia de criterio y el escepticismo, comienza en 1897, a los trece años, embarcándose como polizón en un barco rumbo a la Argentina, de donde es expulsado en 1902, durante la presidencia de Julio A. Roca, por su actividad anarquista, de la que nunca renegó, a pesar de  causarle  algunos problemas en cuanto a su amistad con Mateo Morral, autor del atentado a los Reyes en Madrid (1906).

Establecido en Madrid, colabora en la prensa ácrata (El Porvenir del Obrero), republicana (El País), monárquica (ABC), falangista (Arriba) y en otros periódicos. Es corresponsal en el extranjero (Estambul, París, Londres, Berlín, Roma y Nueva York) de diarios de diversa ideología. En su artículo En defensa del analfabetismo (Nueva York, 17 de junio de 1931), publicado en ABC, se muestra contrario a la instrucción de todos los españoles, conforme a la ideología de una sociedad caciquil, que ha pretendido, a lo largo de la historia, perpetuar su preponderancia, marginando a los demás.

No se le puede negar a Camba sus dotes de periodista, reconocidas con el premio Mariano de Cavia (1951). Aunque fundamentalmente periodista, escribe un relato de viajes y una novela. En El destierro (1907) narra su aventura anarquista en Buenos Aires. Sus crónicas neoyorquinas de los años treinta se recogen en el libro La ciudad automática, donde mezcla crítica, humor e ironía. Al ofrecerle  la RAE  un sillón en la Academia, se le atribuye esta  respuesta: “¿Para qué quiero yo un sillón, cuando lo que necesito es un piso?”. Se alojaba en la habitación 383 del Hotel Palace, sufragada por Juan March. Aborrecía la burguesía y vivía como un burgués.

Personaje de complejo currículum sociopolítico, una calle, una parada de autobús y uno de los edificios de viviendas en la Ciudad de los Periodistas, en el barrio de La Paz del distrito de Fuencarral, llevan su nombre.

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