• jueves , 24 octubre 2019

Hay algo importante que celebrar

ANA DE GÓNGORA. Febrero 2018.

Sí, hay algo que celebrar, y es muy importante a nivel internacional. Y lamentablemente no ha acontecido en nuestro país algo semejante, aunque deberían tomar ejemplo quienes tienen poder y capacidad para hacerlo, en lugar de seguir empecinados en el mismo esperpéntico juego que parece sea el de la oca: han vuelto a la casilla de salida para volver a empezar y repitiendo cada cual su rol sin importarles para nada el perjuicio que ocasionan a quienes deberían proteger y representar dignamente, ni al país o nación que aparentan defender. Ya no se sabe si es cuestión de egos o de encubrir oscuros intereses, de cualquier modo ya le hemos dedicado demasiadas energías a un tema que no está en nuestras manos resolver…

La noticia, que debería haber llenado primeras páginas de los diarios y minutos de todos los noticiarios en los países que se consideran democráticos, es la lección de democracia, justicia, dignidad y ética que ha dado Argentina. El único país que ha sido capaz de acusar, juzgar y condenar a sus dictadores.

Fue el presidente Raúl Alfonsín quien, a los cinco días de su nombramiento, ordenó instruir la causa contra los militares de las tres armas que lideraron las juntas militares desde marzo de 1976 hasta la guerra de las Malvinas en 1982, por las graves y continuadas violaciones de los derechos humanos. Para establecer las denuncias y buscar pruebas y testigos se formó una comisión de personas honorables, según se acordó, que durante nueve meses y recorriendo diversos países elaboró un informe de 50.000 páginas que se considera un valioso documento jurídico e histórico sobre los derechos humanos; más de 9.000 casos confirmados de graves y continuadas violaciones de los mismos. La crueldad y violencia organizada y sistematizada desde los altos cargos del poder dio origen a la publicación del informe titulado Nunca más, que posteriormente se editó como libro.

En 1985 comenzaron los juicios, pero ha sido una labor ardua. Los militares querían ejercer su potestad alegando que, puesto que se trataba de enjuiciar a militares, debían ser ellos quienes los juzgaran, pero viendo que aquello no iba a ninguna parte, el tribunal civil decidió tomar las riendas del proceso. Aun así, los militares aún seguían teniendo mucho poder, y en 1989, cuando los tribunales decidieron que la vista, que era pública y no cabía toda la gente que quería asistir, fuera trasmitida por televisión, no pudieron evitar las imágenes, pero sí anularon el sonido. Entonces, temiendo que pudieran intentar cargase el proceso, las pruebas y testimonios recopilados hasta ese momento, un equipo de juristas, en secreto, trasladaron todo el material reunido a un lugar seguro y a prueba de cualquier tipo de atentado en Noruega.

Les ha llevado casi 40 años, han sufrido muchos avatares, pero creo que el 29 de noviembre pasado las últimas sentencias confirman el triunfo de la justicia.

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