• lunes , 10 diciembre 2018

El ser humano del futuro

EDITORIAL. Marzo 2018.

Desde Descartes la conciencia se definió como cosa, como algo con extensión. Desde ahí se considera a la conciencia como un caso más de la materia en evolución, como una víscera que puede ser manipulada por medio de fármacos y estímulos eléctricos. La conciencia no es un organismo pasivo reactivo, es mucho más que eso, es una estructura evolutiva intencional. La dinámica real de la conciencia es transformarse, trasformar el cuerpo y trasformar el mundo.

Cuando todas estas cosas se evidencien, el aparato de creencias básicas se va a desestructurar: que hay una intención en el universo, que hay otras formas de vida inteligente, que la conciencia individual es evolutiva intencional, que el cuerpo es una antigüedad primitiva susceptible de ser modificado, que lo conveniente es dejar de trabajar y hacer que las maquinas trabajen…

El ser humano no se siente según sus ideas, él se siente así mismo según sus creencias. Con la desestructuración del aparato básico de creencias del ser humano, se resquebrajará su imagen del mundo, y con ello se abrirá todo un nuevo sistema de posibilidades de desarrollo para la conciencia.

Después de los últimos cincuenta años de parálisis la ciencia y el pensamiento nuevamente están tratando de abrirse camino de nuevo. El ser humano está al borde de transformarse no solo técnicamente, sino en su conciencia. Todo va en estructura. Imagínenos en el futuro una supercivilización humana, un mundo donde todos los seres humanos estén de acuerdo en las premisas básicas y cada uno sea una diversidad; no estamos hablando de diversidad de culturas, estamos hablando de diversidad de personas: es decir, cada persona es un mundo.

Los seres humanos del futuro para entender los comportamientos del ser humano de ahora tendrán que estudiar a fondo el aparato de creencias básicas de la época, y entonces no dirán que se equivocó en su razonamiento, sino que percibía, analizaba, razonaba, predecía, proyectaba y decidía desde un sistema muy primitivo de razonamiento generado por un campo de creencias muy pobre.

El pensamiento de esta época desde la perspectiva de los humanos del futuro será un pensamiento primitivo encolumnado en una línea mental muy estrecha desde donde no eran visibles ciertos fenómenos, no era posible hacer ciertas relaciones, no podían predecirse ciertas consecuencias. Se dirá que esta absurda improvisación en las decisiones, análisis y previsiones correspondía a un comportamiento mental nihilista desde el que era imposible construir algo, y su recurso básico de acción era la imposición brutal de tipo físico, económico, etc. Se explicará que éstos eran los restos del cromañón que aún quedaban no resueltos.

Hoy el poder está en manos de un pensamiento primitivo, ignorante e irresponsable, muy rudo. El actuar simple de estos primitivos está produciendo errores muy serios en la construcción social del mundo, creando un campo de catástrofe. Esta catástrofe podría ocurrir, y eso atrasaría el proceso de desarrollo humano.

Afortunadamente el ser humano del futuro no va a querer ganar y poseer cosas; va a querer sentir, crear, construir, aprender sin límite. No va a querer poseer, tener, controlar: ese humano comprenderá que hay millones de formas de desarrollar la emoción y el pensamiento, que hay una diversidad inimaginable de formas de sentir y pensar. Ahora la visión del ser humano es muy reducida, pero a futuro todo irá bien, todo irá para donde tiene que ir.

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