• lunes , 11 noviembre 2019

El horror de la violencia

ANA DE GÓNGORA.

La violencia que arrasa vidas indiscriminadamente. Vidas que se cuentan en cifras, anónimas para el mundo, solo un número entre decenas o cientos; no así para sus familiares y seres queridos, que siempre recordarán la persona que era y lo que habría podido llegar a ser si no hubieran segado su vida tan despiadadamente…

Éste es el tremendo horror injustificable que causan el terrorismo y los señores de la guerra. Unos por fanatismo, otros por intereses más o menos ocultos, pero siempre injustificables. Por más que quieran alegarse razones por unos u otros, no las hay. La violencia siempre genera violencia, y para el fanatismo solo es necesaria una mecha para encenderlo y que estalle. Si no valoran sus vidas, cómo van a considerar las de los demás…

En este mundo globalizado se confrontan la irracionalidad fanática y desesperada y el cálculo frío y especulativo de intereses espurios. Estos últimos sí valoran su vida y la de los suyos, por eso desencadenan la violencia lo más lejos posible de su casa, y lo llaman “defensa de…” ¡lo que sea!

Cuando empezó lo de Irak, creo que fuimos muchos los que pensamos que se había abierto el avispero, y se suma lo de Afganistán, Líbano… Lo de otros países africanos ni se tiene en cuenta. Y ahora Siria. Vemos las riadas de personas, de familias que tienen que abandonar su tierra porque ya no les quedan ni casas donde cobijarse (y no faltarán quienes quieran culparles a ellos de la infamia terrible de los atentados en París); así serán doblemente víctimas del horror de la violencia. Los terroristas son otros, unos “seres” que han planificado muy bien dónde hacer un gran daño de resonancia mundial; qué les importa segar la vida de inocentes y causar dolor y terror a su paso… Lo importante para ellos es la gran repercusión mundial. Aunque dicen que es “por Siria”, “por Alá”… No es cierto: es por rabia y fanatismo incontrolable. ¿Y se sabe la procedencia de las armas y explosivos que han utilizado estos terroristas? Quizá tengan la misma procedencia que las de los dos bandos que luchan en Siria.

Entre unos y otros estamos todos los demás, personas con nombres y apellidos, familia, amigos… Como ocurrió en el atentado del Metro de Atocha y en el de las Torres Gemelas de EE UU; como está sucediendo en infinidad de países. Pero esto a unos y otros les tiene sin cuidado, y quién sabe si llegará un día en que no seamos más que un número entre decenas o cientos.

Ana de Góngora

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