• sábado , 14 diciembre 2019

El diario de Jorjita

2006-09-jorjita

El diario de Jorjita

 

Hola vecinos, soy una beagle de 9 años vecina del barrio, y pretendo desde este rincón acercar las dificultades de los animales de compañía de la zona. También aquellas sugerencias que desde mi humilde opinión canina crea oportunas. En espera de las vuestras, comenzaré con mi propia experiencia.

En este momento me encuentro en pleno tratamiento de quimioterapia para curarme de unos nódulos muy feos que me han encontrado. Pero quiero haceros llegar mi historia para que sirva como alerta a navegantes, ya que mi situación, además de ser responsabilidad de la Diosa Naturaleza, también ha tenido que sufrir una buena dosis de errores e irresponsabilidades de los veterinarios de turno.

Aunque soy de gran fortaleza, mis problemas comienzan hace cinco años cuando “mi humana” decide cruzarme, ya que observa lo mucho que me gustan los cachorrillos. Todo va bien hasta que en la primera ecografía descubren que traigo solo una cría, con lo cual su tamaño será excesivo, y además soy primeriza. Cualquier veterinario responsable hubiera entendido que mi embarazo era de riesgo, pero no fue así considerado por el que llevaba mi caso. Y ojo, que es una clínica muy conocida de un centro comercial de Ciudad Lineal y nada barata.

Y llega el día del parto, en el que cuando rompo aguas a las siete de la mañana mi humana se apresura a llamar al servicio de urgencias de dicha clínica, pero le dicen que han de recibir primero la llamada desde la otra clínica autorizando el servicio. Ella muestra su preocupación porque esta otra abre a las diez, a lo que le responden que no hay problema porque no hay prisa, “ya que las perras tardan en parir varias horas”. No obstante, ella llama y llama durante toda la mañana y nadie contesta en dicha clínica. A las dos menos cuarto y ya bastante preocupada, me lleva a la clínica y allí una señorita asaz malhumorada nos dice que no atendieron el teléfono porque tenían visitas y no podían hacer dos cosas a la vez… Añade además que ella se marcha a comer y que si queremos me ingresa (o sea, que me deja en una sala encerrada y sin atenciones hasta las cinco de la tarde, cuando ella regresa, y por fin dará la autorización al servicio de urgencias).

En ese momento, mi humana comprende lo poco que le importa a esta señorita mi vida y la de mi cachorrito, y salimos corriendo a buscar en Internet una clínica de verdad donde tengan un servicio real de urgencias, pues en ese momento comprendimos la gran diferencia.

Y aquí dejo mi relato por este mes, advirtiendo a los humanos responsables que se fijen en si la atención de urgencias que publicitan algunos veterinarios es real y de 24 horas, los siete días de la semana, y en sus propias instalaciones, o si tienen contratado un servicio externo. Mi humana no lo sabía, y les garantizo que esto nos trajo serios problemas y verdaderas tristezas.
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Con mi pareja Tote. La verdad es que fue un amor perruno a primera vista.

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