• lunes , 17 diciembre 2018

Dos calles del Distrito no volverán a cambiar de nombre

CARLOS RODRÍGUEZ EGUÍA.

Entre General Oráa y Alcalá, por los barrios de Goya y Lista, se extiende la calle que, entre 1939 y 1980, se denominó “Hermanos Miralles”, en recuerdo de tres aristócratas madrileños fallecidos en combate contra el Ejército republicano. Antes de 1939, la calle se dedicaba al general Juan Díaz Porlier (1788-1815), que como Torrijos murió por enfrentarse al absolutismo de Fernando VII. El alcalde Enrique Tierno Galván recobró el anterior nombre de General Díaz Porlier.

Cárcel Porlier.

Nº 58 de la calle Gral Diaz Porlier, en la actualidad

Entre Antonio Acuña y Doctor Esquerdo, en el barrio de Goya, se extiende la calle que hasta 1896 se llamó La Elipa, porque conducía al barrio de ese nombre. El duque de Sesto, que desde aquel año da nombre a la calle, era el madrileño José Osorio y Silva (1825-1909), que contribuyó al ascenso al trono de Alfonso XII y fue alcalde de Madrid (1857-1864).

Melchor Rodríguez

Melchor Rodríguez

En ambas calles hubo prisiones. La conocida como “cárcel de Porlier”, en el número 58,  era prisión provincial. Fue devuelta a los escolapios en 1944. La de Duque de Sesto, anteriormente convento franciscano, es actualmente una parroquia, en el número 9 de la calle, esquina a Lope de Rueda. Ninguna placa indica que fue cárcel. Entre los prisioneros de ambas, se da el caso singular de uno que posiblemente haya batido los records de encarcelamiento en diferentes regímenes políticos: monarquía, república y dictadura. Se trata de Melchor Rodríguez García, sobre el cual se publicó un artículo en este periódico el mes pasado

Siendo delegado de Prisiones en 1936-1937, desmantela el comité de la checa, autor de atrocidades en Porlier, y libera a presos políticos en ésa y otras cárceles, donde también hace desaparecer las checas. A Porlier volvería como prisionero varias veces, después de pasar por Duque de Sesto. En abril de 1940  escribe en Porlier el romance De abril a abril, que termina con estos versos: “Para vergüenza de muchos / hace un año que estoy preso. / La ingratitud y el olvido / son nuestros males eternos”.

Calle del Duque de Sesto.

Monaguillo en la infancia, ateo desde adulto, respetuoso con las creencias religiosas de los demás, se comporta como humanista, contrario a la violencia, defensor de la libertad verbalmente y en la prensa, conforme a su ideario libertario. Generoso, de joven se despoja del abrigo, a pesar del frío, y se lo da a quien cree que lo necesita más que él. En los últimos años de su vida, reparte entre los presos republicanos los paquetes de comida que recibe de sus amigos. Contradictorio, como todo ser humano, no deseaba a los demás lo que no quería para él, ni la cárcel, “su casa”, como decía su hija Amapola, según el biógrafo Alfonso Domingo Alonso, autor de un guion cinematográfico sobre el llamado “ángel rojo”.

 

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