• lunes , 17 diciembre 2018

Aurora Auñón. Memoria y legado

YOLANDA RUANO. Marzo 2018.

Aurora Auñón nos ha dejado una semana antes del cierre de esta edición. Desde entonces estamos más solos, pero se fue dejándonos más sabios y mejores, simplemente por haberla conocido, escuchado, leído. Nos congratulamos de haberla tenido durante este puñado de años, desde el 2011 hasta ahora, como amiga y compañera.

Vecina del barrio de La Guindalera, impartió clase en el Instituto Público Beatriz Galindo. Sus alumnos a buen seguro recordarán a aquella pequeña gran profesora que les transmitió no solo conocimientos, sino también la importancia de pensar por uno mismo con sentido crítico.

Nació en 1937 en Albalate de los Nogales (Cuenca). Eran recuerdos muy queridos para ella su casa familiar, sus padres, de ahí su primer libro de poemas Techo y raíces. Adoraba a su padre y se refería a él destacando su corazón generoso y bueno, que sin duda  heredó. De creencias religiosas, éstas serían su guía junto a sus deseos de justicia y  libertad.

Aurora Auñón es (fue) un ser humano extraordinario, con el don de la poesía desde casi niña. Su fuente de inspiración venía desde el fondo del alma, impregnada de humanidad, de una bella espiritualidad. Ella decía que no necesitaba contar métrica ni corregir lo que escribía, porque los versos brotaban ya con medida, y así lo hacía, manuscritamente y con pluma, surcando el papel con la tinta fresca y brillante.

Recitadora impenitente y actriz aficionada hasta prácticamente el último día, nos deja como un regalo su último poemario, Tiempo en el tiempo. La luz de la poesía la ha acompañado en estos últimos momentos. Esa luz que ella describía magistralmente: “Ese momento intimo, tan íntimo  y tan solo, / en que la luz se alza e ilumina la vida”.

Ha estado en nuestras vidas desde aquellos años soñadores de las asambleas del 15M, en que se quiso creer que “otro mundo era posible”, mostrándonos sus lúcidas reflexiones. Su ensayo Carne de cañón se adelantó a lo que más adelante se debatiría en las plazas.

Tres libros de poesía, una novela, un ensayo, cuatro hijos, cinco nietos y tantos amigos incontables. Por estas calles, tus amigos y compañeros recordaremos tu caminar ligero, siempre presta a llegar como soplo amable. Querida Aurora Auñón, de un pedazo de tu biografía fuimos testigos privilegiados, pero el nombre que te pusieron lo cuenta todo de ti.

 

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