• martes , 19 noviembre 2019

Antes de las próximas elecciones estatales…

ANA DE GÓNGORA. Marzo 2019.

¿Le dará tiempo a Pedro Sánchez a rematar alguna de las cuestiones pendientes según sus propósitos cuando llegó a la presidencia? La aprobación de los presupuestos ya sabemos que no ha sido posible, y con ello quedan en suspenso varias de las medidas sociales previstas. Creo que esto, unido a la insistencia de los partidos de la oposición pidiendo elecciones generales, así como la presión desde dentro de su propio partido, ha colmado su paciencia y decidido cortar por lo sano: elecciones cuanto antes.

Otra que está costando más de lo que debería es la exhumación de Franco del lugar de su inmerecido culto, algo que debían haber hecho sus antecesores hace mucho tiempo. En ninguna democracia verdadera se habría mantenido y costeado la exaltación de un golpista y dictador. Aquí, aún se está cuestionando cómo llevar a cabo algo que por derecho y justicia debería estar ya hecho.

El  prior del Valle de los Caídos sigue negándose; alega que “el templo es inviolable”. Este argumento no se sostiene: es aplicable a quienes necesitan amparo y protección, no para mantener el culto de una ideología al margen de la ley.

Según publicó eldiario.es, en un artículo de los periodistas Raquel Ejerique y Jesús Bastante, “Una respuesta a través del Portal de Transparencia detalla que todas las reparaciones, como los brazos de la cruz o la portada de la basílica, las paga también el Estado, así como los salarios, en lo que se invierte un millón de euros al año. Los monjes reciben 340.000 euros directos por transferencia anual: el Tribunal de Cuentas alertó en 2013 de que no había siquiera un presupuesto ni una fiscalización seria de este dinero público. El Gobierno ha pagado en un año 72.033 euros en combustible para la orden benedictina, 5.778 para libros, casi 10.000 euros en gastos de culto, otros 10.000 en vestuario y 8.441 euros en excursiones organizadas por los religiosos”.

Cabe preguntarse si el afán del abad por mantener su postura es por ideología política, o si su interés es crematístico, pues según se ve están muy bien mantenidos a costa de todos los ciudadanos. Quizá una buena medida sería cortar el grifo. El dinero que cuesta mantener el “monumento” y a quienes viven de ello podría destinarse a mejores causas.

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