• jueves , 12 diciembre 2019

Amigos corruptos

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LA GOLONDRIZ

Amigos corruptos

LA GOLONDRIZ

 

UN CORRUPTO: ¡Vaya aspecto de corrupto que trae usted, amigo mío!
EL OTRO: Pues a usted también le veo bastante putrefacto, y no es por alabarle…
UNO: Sí. Pero lo que digo es que su cuerpo presenta bastantes signos de descomposición.
EL OTRO: Ya sé que saltan a la vista. Pero, si no se ofende, le diré que tampoco usted parece irme a la zaga.
UNO: ¿Lo mienta por el deterioro de mi epidermis, la ostensible pérdida de cabello y mi aspecto general de podredumbre orgánica?
EL OTRO: Y porque no huele usted precisamente a rosas, querido amigo.
UNO: Es que cuando se padece un grado de corrupción tan avanzado como el mío, no puede uno ir por el mundo llenándolo de perfumados efluvios.
EL OTRO: Ya. No obstante podría recurrir a una colonia de esas que se anuncian en la tele, o a una esencia de marca, como hago yo.
UNO: Podría; aunque en mi opinión, si quiere que le sea sincero, el resultado de un español que se perfuma para disimular su olor a corrupción lo que hace es obtener un aroma que no sé si es más repugnante que el de antes, o totalmente vomitivo.
EL OTRO: Cierto. Lo malo de nuestro caso es que no podemos disimular lo corruptos que estamos.
UNO: No. Yo he recurrido al maquillaje, pero que si quieres… Por debajo de las cremas siempre asoma alguna oruga o lombriz, y los niños te señalan por la calle diciendo: “Mira, mami, si estará corrupto ese señor que ya le salen los gusanos”.
EL OTRO: El problema que tenemos usted y yo es que nuestra corrupción está muy avanzada.
UNO: Avanzadísima. El otro día, a mi cuñado, que también anda corruptísimo, se le cayó una oreja, de pura corrupción.
EL OTRO: Y al mío, un brazo, por lo mismo.
UNO: Sin embargo, los políticos corruptos de este país no se parecen en nada a nosotros.
EL OTRO: En absoluto. Ayer salieron en el telediario unos alcaldes corruptos, y se les veía tersos y la mar de bien conservados, como si la corrupción no les hiciera mella.
UNO: Es que al parecer no se la hace.
EL OTRO: ¿Por qué, pues, no nos dedicamos ambos a la política? A lo mejor se nos quitaba toda la corrupción tan asquerosa que nos aqueja.
UNO: Yo creo que es demasiado tarde para usted y para mí. No nos queda más remedio que terminar de desmoronarnos a trozos.
EL OTRO: Triste destino el nuestro. ¡Y los políticos corruptos, tan guapos y lozanos!
UNO: Nada podemos hacer.
EL OTRO.:Ya lo sé. Pero ¡me da una rabia…!

María DEVESA

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